Tan cerca y tan lejos

Suelo viajar solo en avión, viajes cortos de días y kilómetros que mezclan trabajo y estudio: micro-viajes. Ello me invita a ir despacio, a dejarme observar mí alrededor, y no siempre ves cosas hermosas como decía Vicent.

Siempre me fijo e imagino quiénes serán mis compañeros de asiento antes de embarcar. Tuve experiencias muy agradables, muy divertidas, interesantes, algunas indiferentes, otras parcas y elocuentes y las que menos horripilantes. Aún recuerdo al señor XXL que se desparramaba por mi asiento en un Filadelfia- Paris hasta que la amable azafata se lo llevo a un asiento doble,  no recuerdo ya el nombré del francés con quién me emborraché mientras compartíamos historias de vida, o la periodista que iba en busca de su novio cuyo padre agonizaba de cáncer, o a Rodolfo un argentino de 4 años y medio palmo, que se aferró a mi mano en todo un transbordo en Brasil, también la octogenaria venezolana que me resumió el gobierno chavista con un contundente” ahora los chavos no mueren de hambre, mas yo no sé si eso es progreso…”, hace poco disfrute de un matrimonio gallego que se amaban más que el primer día después de haber vivido más de mil y una noches juntos, recuerdo la rocambolesca conversación con la meiga galega, …¿Qué me tocará mañana?

(Hoy es pasado mañana (de hace tres días) y ya sé lo que me tocó ayer, impresionante, pero eso será otra entrada)
Un día volé con un par de payasos que alborotaban más que un circo entero. Comenzaron criticando a Ryanair, no entendían nada, que si la colas, que si porqué el peso, que si el bulto…poco a poco comencé a sentir que iba a ser un largo viaje. ¿Por qué cojones se sentaron en emergencia este par de retacos? El tan flaco y enclenque que costaba verle tras sus fashion-gafas, flequillo y toda la última moda que pudo ponerse encima. Ella el típico fletán, no noruego, sino norteño y vasco. Retaco con más tacón que muslo, ajustada en toda su desproporción y ridículamente adornada de tatoos y percing…

Después de negarme el derecho la azafata de arrojarlos por la puerta de emergencia, hice de tripas orejeras e intenté mimetizarme con el asiento. Era imposible, sus ideas atroces y pueriles taladraban mi sensibilidad e insultaban a cualquiera con dos dedos de frente. Qué pena de dos palmos de acero…

Comenzaron fuerte asegurando que un apartamento en Gexto vale más que cualquier chalet con finca y todo confort en cualquier parte de Pucela.  Siguieron comentando todos y cada uno de los putos episodios de Fama, ,luego dieron un repaso a toda la TV de arriba abajo y acabaron con el clásico: para lo que hay que ver, yo casi ni la veo…En ese preciso instante entendí porque no dejan volar con objetos punzantes, aún así no dejaba de mirar a mi lápiz preguntándome si sería suficiente.

Se quejaron de no poder fumar en los aeropuertos, y decían no entender porqué no podía haber lugares para fumar en los aviones, hablaron de diabluras en Punta Cana e Ibiza,  de fiestukis y mierdas varias…hasta de estudios hablaron y me dolieron las entrañas al conocer que él fue a la universidad y que ella llegó a Bachillerato. Por mis muertos, ibais a aprobar si os cojo yo.

Tocó hablar de compras, criticar a sus padres (que por supuesto aún les mantenían) y cuando hablaron del tiempo como si fuese una prenda de vestir que cada uno elije al levantarse, ahí ya no pude más. Oírles decir, que les gustaría trabajar solo cuando llueve, que si tienen día libre y no hay sol, es como perder el día, eso me tocó hasta la moral. Y no me quedó más remedio que decirle a la azafata que eligiese: ellos o yo. Porque, no sé si habría sitio en el mundo para ambos, pero en este avión estoy seguro de que no. Así que consulte al sobrecargo y tomen una decisión.

Me salvó que justamente en ese momento apareció a la derecha Barcelona, brillante luciendo los charcos que le regaló la lluvia,  como diamantes que la hacen más especial aún. Entonces ahí me olvidé de los mequetrefes, y reconocí a Vicent Van Gogh, es  verdad, si estás atento y dispuesto, puedes descubrir la belleza en cualquier instante, en un segundo de nuestras vidas.

Ellos, no claro. Ellos viven en su ruido, que por tortura comparten con nosotros y seguramente que hasta lo twitean.

 

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