Javier no quiere ser blanco

Javier no quiere ser blanco. Javier tiene 3 años, va a nuestro cole y por primera vez pudo participar conscientemente en nuestra fiesta de navidad. Desde entonces no quiere ser blanco. No quiere formar parte de un grupo que perpetua su poder mediante la discriminación de todo aquel que no es como él. No quiere ser parte de aquellos que atacan,  a veces hasta la muerte, a otros que tienen diferente color, credo o pensamiento que los blancos dominantes. Y tampoco, quiere ser parte de esos blancos indiferentes y pasivos que aunque no agredan de ninguna forma, tampoco hacen nada por evitar ni el sufrimiento de los negros, ni la barbarie de los otros blancos. Por eso, clava su mirada en su padre y le dice seguro y contundente  con su casi metro de altura que no quiere ser blanco.

Javier sabe que es blanco. Y ya sabe que los blancos no son siempre los buenos, aunque Hollywood, los periódicos, los telediarios  y Disney digan lo contrario. Javier acaba de vislumbrar  apenas, que muchas veces, demasiadas ya sin duda, los blancos hemos sido la causa de la barbarie en nombre de la razón y de la obediencia. Y por eso, Javier a sus tres años, ya no quiere ser blanco. Lo que no sabe Javier es que ya ha dado  a su temprana edad el primer paso, el más difícil según Vinicius de Moraes, para ser otro tipo de blanco. No ya un blanco idealmente bueno y piadoso que nunca incurriría en semejantes actos inhumanos que se da por sentado , sino en un blanco esencial para que el mundo gire: un blanco que no se calla ante la injusticia. Y que ante actos viles, es capaz de distanciarse de ellos y de señalarlos. Un blanco al que el Dr. King Jr señaló como solución de los problemas. Un blanco que sabe que la indiferencia perpetua los problemas y condena a las víctimas. Javier no sabe aún que tipo de blanco es, pero ya sabe cuál no quiere ser. Y eso lo aprendió mientras veía a sus compañeros de primaria representar el autobús de Rosa Parks.

A veces menospreciamos lo que aprenden nuestros futuros ciudadanos, pero lo que nunca podemos olvidar es que si nosotros no enseñamos, otros lo harán por nosotros. Y aunque en Hollywood y Disney ya no aparecen los negros tan malos, aún los telediarios y los periódicos solo se acuerdan de los negros malos. Mil gracias profesoras y estudiantes, pues aunque solo hubiese sido Javier quién haya aprendido esto, aún así, hubiese merecido la pena. Gracias por permitir que al menos una obra se alejase del espectáculo y nutriese nuestra conciencia para ganar un blanco diferente más.

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