Sobre ruedas, just married.

Boda, ¡jo qué bien!
Boda, ¡jo qué bien!

Desde que nos conocimos todo ha ido sobre ruedas, y así llegamos al altar. Las cosas cuando tienen que ser, son. Y cuándo las quieres de verdad, lo son más. A veces parece tan fácil que suena a perfecto, como me decía María. Yo no soy mucho de creer en la perfección.
Pero que luzca con fuerza el sol de Septiembre contra la Catedral de León, que llegues puntual y escoltado por Harley´s bien conducidas. Que te reciban unas enormes sonrisas y ojos brillantes junto con la mano de tu madrina. Qué te sientas parte, humilde y liviana, pero parte de esa Catedral que acaricia de silencio a quién entra. Que notes como tus personas más importante comparten contigo cada paso. ¡Qué te gires y la veas radiante a 100 metros, feliz del brazo del padrino. Qué se haga el silencio cuando nos besamos, qué el cura oficie desde la amistad y el cariño. que sientas la emoción del padrino y la madrina que representan la de todos los presentes. Y que cuando todo va acabar, aparece de repente tu hermana y le lo siguiente…en la Catedral de León. Si no es perfecto, es que no tiene precio:

” Erase una vez, la historia de un apuesto caballero y una bella dama. El valiente caballero había dedicado gran parte de su vida a viajar a lo largo y ancho de la tierra. Tal era su afición a descubrir nuevos lugares que incluso decidió establecerse temporalmente fuera de su tierra natal. Alemania fue el primer destino elegido, pero cual Colón, después de un tiempo puso rumbo a las Américas, sur y norte, Brasil e Indiana.
Regresó después a Brasil dispuesto a convertir el sobao pasiego en el postre típico de los cariocas. Pero entonces, en algún momento en las idas y venidas de continente a continente, apareció la más guapa de las damas, y el caballero regresó a la Montaña, dejando a los brasileros sin sobao que llevarse a la boca.
Decidieron realizar un viaje, esta vez juntos y sin necesidad de cruzar fronteras, a una ciudad que será desde entonces más especial para ellos y nosotros. La Pulchra leonina es testigo privilegiada del día de hoy, junto a las familias y amigos de la dulce dama y el galante caballero.
Todos los cuentos de princesas y caballeros terminan con la boda, comiendo perdices y siendo felices, pero este cuento no. Hoy, el día de vuestra boda, es un capitulo intermedio de vuestra particular historia de amor, al que le seguirán miles le palabras, cientos de capítulos, decenas de títulos.
Convertidos en la princesa del caballero, en el caballero de la princesa, escribiendo la continuidad del cuento, con perdices o sin ellas, solo hay un deseo y un final: vuestra felicidad.
Y colorín, colorado, este cuento….ha empezado.

Y qué emocionado de la mano de tu mujer, la que siempre quisiste, esperaste y cada vez amas más, veas a tipos rudos, que no suelen estar en estos lares, que comparten tu emoción…es perfecto.

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