Esperanza y paciencia.

ImagenLo reconozco ayer me enfadé en clase. Sí y además me entristecí. Surgió un debate sobre los problemas de las ciudades y en concreto, abordamos los problemas ocasionados por los ciudadanos y ciudadanas que aparcan en doble fila. Hubo ejemplos, opiniones, acuerdos, y aunque todos aceptamos que dicha práctica está regulada y por tanto, multada si se incumple; aunque todos fuimos conscientes de que ocasiona problemas y de que quién más sufre sus consecuencias es quién justamente actúa responsablemente…aún así hubo estudiantes ( casi todas chicas y algunas muy vagas en E.Física) que seguían justificando la necesidad de aparcar en doble fila. Dió igual  por ejemplo, que descubriesen que los parkings son gratuitos durante los 15 primeros minutos o que algún compañero pusiese ejemplos incluso, de lo peligroso que puede ser al hacer perder visibilidad de la via. Aún así alguna aún justificaba la “necesidad de aparcar en doble fila para ir al cajero por ejemplo”.

Y yo me entristecí. Me sentí muy impotente, pues a pesar de deconstruir y razonar sobre una situación hasta el punto de ser irremediable su aceptación. A pesar de estar de acuerdo con los argumentos, y compartir las negativas consecuencias de la práctica, a pesar de eso, hubo personas que seguían valorando su propia comodidad por encima de las molestias ocasionadas al resto. Eran conscientes, pero les daba igual. Reconozco que pensé que afortunadamente eran minoría y pensé que representaban la gran carga de este país, reconozco que perdí la esperanza de que ellas fuesen capaces de crear un mundo mejor…pero mira por donde la Esperanza hoy volvió.

Y Esperanza demostró que una persona que aparca en cualquier lado, ocupando un carril-bus en este caso, es una persona que le importa poco pedir que no le multen por ello. Que le importa menos hacer caso omiso a la autoridad,  hasta el punto de chocar y derribar otro vehículo en su fuga, que nada le importa que le persiga la policia hasta su casa y mucho menos le importa lo que piensen el resto de ella. A ella no le importa quedar retratada, solo le importa no salir en la foto. La Esperanza volvió y me demostró que personas así, ni son buenas personas, ni buenas abuelas, ni mucho menos ciudadanos ejemplares que se merezcan representar, ni opinar por nadie.

Gracias Esperanza, porque hoy de nuevo espero que algunos de mis alumnos y alumnas aprenda de tu ejemplo y no sean como esos finos y sagaces linces que solo se preocupan de que el Barcelona no puede fichar. Madre mía que país, en España el Marca y el As son los periódicos más leídos con diferencia. La ignorancia al servicio de la desfachatez, peligrosa ecuación.

 

 

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