Mis puertas

Desde siempre me han llamado la atención las puertas y allí donde he vivido he visto los diferentes que son en función de la cultura. En España, las tenemos de todos tipos, pero siempre mostrando firmeza, con múltiples cierres y cerraduras. Aún recuerdo el ruido de las cerraduras al abrir las puertas de mis vecinos de mi infancia. Cuatro o cinco vueltas de goznes para poder flanquear o impedir el paso. Timbres ruidosos y mirillas en las puertas completan el lote. Las puertas más antiguas conservan dos hojas para permitir el paso de grandes volúmenes, ahora como los muebles son de ikea y las teles planas no necesitamos doble entrada. Eso sí, quizás debamos ampliar las puertas para las personas…cada vez más XXL. Me gustan las mirillas de las puertas antiguas, directas, tipo claraboyas que permitían ya un contacto, una mirada compartida o una conversación. Las actuales en versión digital o no, son panópticas, e unidireccionales…son interrumpidas e desiguales. Quien posee, tiene el mando, el poder.

En Alemania, me sorprendió  que en los telefonillos del portal no se ponía el nombre de quién y donde vivía, sino simplemente el número de la vivienda. Yo que nunca memorizo esos detalles, tuve oportunidad de practicar mi alemán preguntando por mis amigos a sus vecinos. Del portal alemán, de cómodo acceso y adaptado para la entrada y estancia de bicicletas, recuerdo los simpáticos anuncios de los vecinos cuando celebraban alguna fiesta o cumpleaños donde pedían perdón por las molestias y avisaban de las horas de celebración o incluso invitaban a unirse a la celebración. Los hogares de mi Frankfurt estaban precedidos de puertas de cristal, más o menos translúcido,  pero siempre de cristal. Algo impensable desde el punto de vista intimista y de seguridad español. Además, las puertas estaban flanqueadas por los zapatos de los moradores, así que con solo llegar ya sabías mucho de quién estaba en casa.

Ya en Brasil me sorprendió las mil y unas puertas, verjas y cancelas que aseguran las casas. Hasta los porches tienen verjas y los jardines parecen jaulas. En Argentina incluso, se pone a los garajes verjas antes de las puertas. “Sudamérica tiene sociedades dobles” me dijo un día un argentino “ dobles por que pagas dos veces por todo, dos veces por la sanidad, por la seguridad, por la educación…” Quizás por eso tengan al menos dos puertas, para pagar dos veces al cerrajero. En los pisos, hay portero 24 horas, portero de varias caras, que se convierten obligatoriamente parte de tu casa, de tu familia, de tu intimidad. Y muchas casas no tienen timbre, así que si te encuentras a alguien aplaudiendo y gritando frente a una puerta, quizás frente a la tuya, quédate tranquilo no es un admirador, sino un visitante.

Por último, en Brookville, IN, EEUU, resulta que también había dos puertas. Lo cual me parecía un coñazo, sobre todo cuando llegabas a casa con varios grados bajo cero. Pero, después de comenzar a vivir allí, resultó que esa primera puerta de cristal era bien útil. Entre otras cosas, para protegerte del viento cuando intentabas abrir la segunda, para evitar que el hielo se te metiese en casa o al menos te helase la puerta y para mantener la nieve a raya, al menos en la raya donde empiezan las escaleras y poder sacudirte los pies antes de entrar en el salón. También esa puerta servía, para tras abrir la primera puerta de apariencia más convencional ( dando por hecho que lo que “los cubanos hablamos nolmal” ) asomarte a ver cuantos centímetros de nieve nueva había caído sobre los 50 ya existentes, sin congelarte, ni que se te metiese la nieve hasta la cocina. Además, las puertas de Indiana son las más seguras que nunca tuve. Pues, resulta que varias cosas que compré o me dejaron fueron depositadas a los pies de mi puerta, entre ellas una cámara fotográfica de al menos un millar de dólares, y allí permanecieron a buen recaudo esperando la llegada de su nuevo dueño o sea yo.  Me viene a la memoria ahora, un 28 de septiembre cualquiera, donde se dio la circunstancia de que cumplí 30 años, y fue recibido entre las primeras nieves del año con un caja de viandas españolas enviadas por mi padre para celebrar mi nacimiento…que rico saborear tu casa…tu tierra, tu hogar.

ImagenRecuerdo también la puerta de mi abuela, de doble hoja y de doble puerta. Dejando siempre la parte superior abierta para permitir e invitar al que llega acercarse, cobijarse, en definitiva sentirse bienvenido. Puerta sin timbre, puerta que se abría para avisar de la llegada. Puerta de casa que ardió y poco más que la puerta conservó. Puerta que aún invitaba a entrar cuando ya no tenía casa que guardar. Ahora la puerta que me gusta más entre todas, es esa puerta que me abres para poder ver tu sonrisa que ya escucho antes de que abras.

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