Persiguiendo a Macondo

 -Ojo a los taxistas, solo oficiales y que te los llamen desde el hotel o de los restaurantes- me avisó Iván, marido de Gladys y culpables de mi visita.

-No es buena idea andar solo por el centro, mejor de taxi confiable señor- me recomendó  la camarera de mi hotel. 

– No saqué dinero solo, mejor me llama y yo le acompaño- me dijo el sargento Bonillas antes de darme su número personal para ofrecerse a protegerme por la noche, puesto que su zona de trabajo nocturna es el área de mi hotel. Este país esta muy guardado, cada esquina tiene un policía o un militar y a pesar de eso no te sientes seguro…tanta recomendación por algo será.

No les hice caso y me fui solo andando hacia la calle 7 arteria de esta ciudad, quizás de este país. Mi experiencia identifica la calle como la Zeil strabe de Frankfurt con el sabor peruano de Lima. Las mil y una colombias reunidas en una calle, mercaderías de todo tipo, vendedores inusitados, barullo, risas y prisas, corros de música, músicas para corros, artistas, mendigos, policías, militares, ciudadanos, niños, niñas y  lindas señoras estas colombianas. Todo centrifugado, todo colombiano, todo bailable, todo interesante…y los bandidos, ¿Dónde están los bandidos? 

Últimamente viajo errante, sin rutina, sin pauta, siempre orientado y como me recomendó otro guarda- vete siempre pila, esto es Bogotá hermano. Bogotá es gremial y eso me gusta, la calle de los joyeros, con judíos como no, la calle de los restaurantes, de los museos, y de los militares. Si, este país, es un país de armas, y tiene una calle repleta de artículos para la muerte. No me gustan las armas, ni la gente de esta calle. Huyo hacia al palacio presidencial y entro en otra Colombia, esta de lujo, imperial. Comienzo a pensar en desigualdades, cuando me sorprende una lluvia que no conocía. Fría, continua, pero lenta, leve pero contundente, una lluvia particular que moja como las demás.  Acostumbro a recogerme en oración cuando llueve y esta vez acabe en otro templo: un colegio mayor en plena graduación. Disfruta de ritos, tensiones, desorganizaciones, trajes y modelitos hasta que escampa. Curiosa vida esta mía,no asistí a mis graduaciones, ni a ninguna en España y si a en Bogotá. Life is so good.

Muy amables los ¿bogoteños? o ¿serán botenses?, paso de Google hoy…pues lo importante no es el nombre si no que son, solícitos y educados. Incluso los militares, aunque algunos tan extremadamente tímidos, y  jóvenes, me hace pensar que son recién llegados a la urbe. Pregunta tras pregunta disfruto de la plaza Bolívar, plaza que huele a América, una América vieja que fue un sueño, una idea, un ideal y un lema para un país. Y poco a poco, llego a donde quería museo Botero, que es tan gordo que me sacia. Me encantó Botero una vez más, me sorprendieron Picasso, Monet, Tapia, Miró y casi todo los grandes, pues no les esperaba allí. Disfruté de tan laberíntico edificio que reúne varios museos que luchan por estar a la altura del edifico que les acoge. 

Aún hay más, cruzo la calle y en la inmensa biblioteca nacional me detengo a escuchar Bogotá desde su terraza. Tejados, rascacielos, montañas  y ruidos urbanos sordos que recuerdan que bello es vivir si tienes unos segundos para comprobarlo. Sala sexta de lectura libre y juegos, les falta anunciar: y de balcón a la ciudad, a la vida. Quiero más, juego con Escher y y descubro a  Silvina Socolovsky mientras bajo por las escaleras de esta biblioteca que me rememora al metro de Bruselas. Arquitectura lógica, recta y funcional, me gusta. Sigo de libros y estando en Colombia es normal que acabe en la librería de García Márquez. Espectacular arquitectura para entregarse, no a lectura, sino al consumo de libros. Dos plantas, un estanque y un grandioso escaparate. 

Cansando y saciada mi curiosidad, visito a Juan Valdés, que ya no tiene burro y si una cadena de cafeterías new age, tipo yankee con sabor colombiano. Se agradece, que mantenga el bigote a pesar del look cool. Decidiendo a  que delicia voy a entregarme, regreso al hotel y sonrió imaginando vuestra cara cuando os cuente que hay hombres y mujeres que se atan teléfonos móviles al cuerpo y venden minutos de llamadas…si, son cabinas humanas. Curioso trabajo para un mundo digital, lo humano siempre tiene lugar y dicen que Bogotá  es bien humana. 

Sigo después con la noche en www.andrescarnederes.com y con Jonny mi taxista vespertino, ahora me voy a correr calle 7 arriba. Bien chevere

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2 comentarios en “Persiguiendo a Macondo

  1. Ojo con los Taxis!, si Ojo con los taxis, de seguro te llevan al destino que les conviene y no al que necesitas. Encontrarlos en las calles en dias lluvioso es una Loteria. Las filas para acapararlos son eternas, …. y puede que hagas charlas amenas (raro), Ya no hay Bogotanos, esta ciudad es multicultural, hay costeños (relajados), vallunos (salseros), paisas (los mas bellos) , santandereanos (personas de caracter)….. Pero bueno de seguro te faltaron mil cosas por conocer …

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