Infinita Cantabria de mares, praos y montañas

Anuncian 55 minutos de vuelo , despegamos. El color inunda la ventanilla. Azul mar luchando con el cielo claro y despejado por reflejar la luz blanca del amarillo sol que hace aún más presente lo verde de Cantabria. Intenso collage de coloridos prados, olas, nubes y playas al que la niña del asiento asiste absorta.

 

A la izquierda, una escalonada Santander disfrutando de su Bahía, debajo la ría de Cubas serpenteando  entre prados que se erosionan en somos y pedreñas.¿el cantábrico? siempre. A la derecha, peña Cabarga otea el continuamente picado mar. Cuál mojones al paraíso, los picos aún conservan nieve. No son de Europa pero más costeros e igual de escarpados. Creo que me guiña complice el Valnera, mientras busco la bien puesta Liérganes y acabo topandome otra vez a la izquierda con la recta, bella y surfera Berria. 

 

-Se ve todo el mundo- dice la niña que vuela delante mi, ya fuera del avión. Sus ojos regristran tanto, que se oye como crece. Me encanta el brillo de sus ojos, brillo de aprendizaje.  Brillo de vida, la mejor luz del universo. Enseñar es como encender una luz en un cuarto oscuro para que otros la disfruten leí una vez y recuerdo ahora.  Sonrió pensando en quiénes se llaman dinamizadores y huyen de reconocerse docentes.

 

-Pero, que grande es- repite la niña que ya vuela más alto que nadie. Poco a poco se escarpa el terreno, menos prados, más colinas y veredas y  poco a poco esta tierra Cantabria se adentra en otro país que sigue siendo la misma tierra. 

55 minutos de vuelo y aterrizamos, otra ciudad: la ciudad. Y otro mar, un medi-mar que es una especie de cantábrico diluido y calentado. 15 minutos de adelanto anuncia el comandante y es mentira: han sido 55 minutos de vuelo. Lo comento en alto y ha nadie le importa. Otra vez la indiferencia, sonríen y aplauden ovejilmente la música de raynair, -es mentira-repito. – Han sido justamente 55 minutos-explico. Algunos lo comprueban asienten, otros me miran divertidos y otra con recelo. Pero hay unos ojos grandes, que me miran absortos mientras pregunta- mamá, ¿Qué pasa?- que nos mentido hija responde su madre con la carga de tener que educar en mundo fascinante lleno de mentiras.

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