Historias mínimas que hacen días inolvidables, aquí no Brasil.

Ahora mismo en Três Rios

Podría ser una noche perfecta, de esas que invitan a  no dormir, de esas que animan a vivir. Volvíamos a casa por la vera del Río, lamentando el tráfico y el ruido del funky del Independência  que impiden todo atisbo de belleza, cuando de repente, entre tanto coche aparece un animal.

El animal iba montando un caballo adelantando a los coches. El animal no usaba y mucho menos disfrutaba lo poco que le diferenciaba del equino. Un Quebramuelas, frena el coche, no el animal y tampoco el caballo. Suspira el más hábil de los dos, resbala el mismo, y se iluminan sus herraduras.  A duras penas consigue solo rozar el coche. Afortunadamente, nadie sale herido, pero el animal tampoco escarmentado. Al bajarse del caballo comprobamos,  que no es persona, mas le da para beber. Al subirse de nuevo al caballo, corroboramos que este tipo de animales  no suelen aprender si no escarmientan.

De nuevo, un animal a lomos de un caballo intenta adelantar a un coche, por la vera del río, en una noche de verano que no es perfecta, porque lo impiden los coches y el ruido del funky que perturba a quiénes no asistimos y anestesia a quiénes lo bailan…mundo este de Três Rios.

Hace nada, aquí en Três Rios

Salimos de casa en busca de las mejores pipocas del mundo, las del bueno de Tonino. Cruzamos una esquina, y vemos a una adolescente con un bebe andar apresurada junto a otra joven. Aparece él, con bigote, bicicleta y toda la injusticia de la historia con él. Es hombre, y por eso esta facultado y avalado para hacer lo que hace. Lo que hacen muchos, de muchas formas y con total impunidad. Tira la bicicleta, recrimina a las mujeres, a sus mujeres, a todas las mujeres de la historia y se acerca violentamente a ellas. Ella, la joven, se pone nerviosa, más cuando él la agarra, zarandea y amenaza. Aún así se defiende con la experiencia de quién sabe lo que es sufrir tales agresiones.

Nosotros parados a escasos metros, sin disimulo, somos testigos mudos que saben que hablar no sirve en estas situaciones, y menos si eres gringo . De reojo repara él en nuestra presencia, no le gustamos. Disimula, arrebata el bebe a la niña. Ella grita y huye calle adelante ahogando su grito de impotencia ante esta injusticia eterna que la precede y la afectará toda su vida. Él de nuevo nos mira de reojo, y nosotros seguimos sin hablar, sin movernos, esperando que todo pase o que todo suceda. Pasa todo, y seguimos nuestro camino, él devuelve el bebe y nos adelanta en su bici. Nos mira, de reojo, siempre de reojo y seguimos sin gustarle. Vemos que va en post de la adolescente, nos miramos alertados y aceleramos el paso. Cobarde la adelanta y algo la dice que hace que ella se giré y huya en dirección contraria, justo hacia nosotros. Entonces reparamos que la joven madre sigue nuestros pasos con su bebe en brazos, le preguntamos y ofrecemos nuestra ayuda. Avergonzada, muerta de vergüenza, nos da las gracias y nos dice que va para la policía directamente. La animamos y la vemos alejarse mientras el bebe ajeno y curioso nos sonríe. Responde con alboroto a mis muecas y yo anhelo que el policía que las reciba sea sensible y amable y que el niño no sea hombre de este mundo. Mundo que hace que los hombres abusen de las mujeres y ellas se sientan avergonzadas. Mundo donde yo espero que haya policías amables y sensibles y que los niños no sean como sus padres…mundo, ese que anhelo, que no existe. Y por eso ahogo un gesto de rabia e impotencia ante algo que hay, hubo y habrá…

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