Esta es la diferencia

¿Qué es lo que más define a Latinoamérica? ¿O será a Brasil? Hay algo que me encanta, que añoro en mis lares y que adoro en estas latitudes.Imagen

Al final tuve la respuesta.

Sonó un ruido de descompresión, el aire acondicionado se apagó, pero curiosamente la temperatura descendió. Sorprendido continúe la marcha que detuve previsor por el ruido. Dos minutos después maldije en hebreo y en arameo al observar el 1200 y la señal de alarma. Nervioso, retrasado,  a 10 minutos de la imperial Petrópolis y a 5 de la comercial Itaipava, mi coche sin seguro se paraba. Mi mente occidental repasaba todas mis incoherencias y maldecía mi sombra. Buscaba consuelo acariciando la  VISA y la calma de la resolución acababa en la ira del ahorrador. 

Llamé por teléfono para avisar de mi infortunio y mi tardanza. Giré en redondo y cuesta abajo y en punto muerto serpenteé hasta el puesto de gasolina que mire de soslayo, no hacía más de dos minutos, mientras me convencía de que no tenía porque parar.

 

Pregunté por un taller y obtuve dos mecánicos, el gerente de la gasolinera y un frentista. Dispuestos y gentiles se pusieron manos a la obra, con más voluntad que formación, pocas herramientas y mucha resolución. Seguía nervioso e impotente el curso de sus intentos de reparación. La avería estaba clara, pero no tanto la reparación. Ellos seguían confiando y yo insistía en buscar alternativa.

-¿Qué iba a hacer usted, patrón?- me sorprendió el gerente.

-Pasear por Petrópolis- le dije sin confesarle que esta ciudad imperial me ha robado el corazón. Dicen que hay un lugar en el mundo para cada cual y no me importaría que fuese Petrópolis el mío.

-Nosotros cerramos a las diez- me dijo comprensivo- váyase, disfrute y luego vuelva a por el coche- hizo una pausa, me miro fijamente y continuó- tranquilo esta en buenas manos.

Dubitativo, extrañado y resignado le entregué las llaves y cogí mis cosas antes de buscar consuelo en la ciudad que me atrapa.

 

Seis horas después regresé y vi mi coche bien aparcado, hasta más nuevo parecía. Me reconoció el frentista, y orgulloso me pidió que abriese el capo para mostrarme como con dos tapones de corcho había sellado la fuga.

–       Da para chegar a Três Rios– me dijo orgulloso y buscando recompensa.

–       Tem certeza?- insistí con incredulidad.

–       Sin duvida- asintió, pero cuando me convenció fue cuando  me dijo franco, serio y convencido- y si no es así, nos llamas y vamos a socorrerte.

Le di la mano, me presenté y le pregunte el precio.

–       Para nosotros es un placer ayudarle, si con eso le hemos resuelto problema ya estamos pagados- me dijo tranquilamente.

Descolocado, le dije que iba  a repostar, y con la vuelta le quise dar 30 reales. Me miro y me dijo:

–       Hey, e isso porque? Já fale a você que não tem que dar nada

Acerté a regalarle lo único que tenía en el coche para sus hijos, le di la mano de nuevo junto con más sinceras gracias y pensativo me metí en el coche.

Esto es lo que diferencia a este país, a este continente, a este ritmo de vida Un mundo lleno de personas buenas luchando en unas condiciones que de injustas son  hasta bizarras y que consiguen disfrutar gracias a los cables, ¿verdad, Charo?

 Resulta que sí, que el secreto está en la masa, ¿por qué si no estuviésemos rodeados de miles de personas buenas… como diablos se iba a sostener esto?

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