Es difícil hallar sentido a lo absurdo

Las 7 de la mañana aquí no es madrugar mucho, pues el barullo de quienes viven de sol a sol empieza pronto. El hambre tiene más urgencias que los bancos, que abren a las 10 de la mañana. País civilizado este donde las maletas en el autobús viajan registradas y custodiadas. En Bruselas vi como robaban pertenencias con disimulada indiferencia, en Alemania sufrí por las mías y en casa me sorprendí muchas veces de que llegasen a su destino. Ventajas de este Brasil fecundo en mano de obra. Donde dos ascensoristas se relevan para dirigir elevador de cuatro plantas y tres botones. A riesgo de que se pierdan 4 de las 9 plazas disponibles para hacer sitio a la silla del eficaz, que no eficiente, ascensorista.

Del interior a la costa, de lo rural a lo urbano, de lo local a lo global, siempre el mismo camino. De Tres ríos al Gran Río, más de 8 millones de habitantes congregados a los pies de un Cristo que acapara una de las vistas más impresionantes del mundo: montañas verdes y azul mar. No puedo dejar de entonar un cántico al terruño al que nací…eso sí las montañesas tienen poco hueco en este concierto continuo que es Río de Janeiro. Donde el pueblo ocupa las plazas públicas para reunirse para celebrar la noche y el día con música, comida y bebida, gentes de todas las edades unidas por el son, el paso, el ritmo, la risa…por la vida en definitiva.

Espectacular natura que amenaza la autopista, donde las distancias entre coche se eliminan en virtud del uso de bocinas y ráfagas de luces. Mañana debuto en estas latitudes…no me apetece especialmente, llevo una semana sin conducir, ni moto, ni bici, ni mi coche. Y no lo hecho de menos, aunque bueno, si los tuviese aquí…

Itaipava y Petrópolis serán mis próximas paradas, mientras las acariciamos me entrego a la naturaleza que nos rodea. Continuo manto verde donde los arbustos parecen árboles y los árboles no tienen fin. Mil y un tipo de árboles que cubren las cimas que nos rodean. Una de ellas de las cinco más altas de Brasil, ¿Será que me asomaré también a este techo? Este bosque impresiona tanto que asusta, hay veces que parece un muro de lo tupido, otras un lienzo de lo colorido, Brasil: vergel fecundo e imponente.

El Tráfico se hace más denso, menos distancias, más bocinas y miles de “largas”. Cemento, hierro y asfalto complican el disfrute del manto natural, que aún así en feroz competición aprovecha cualquier despojo urbano para florecer y recordar su poder.  Deterioro urbano que recibe al visitante en forma de favela, polígono y vertedero en el se convierte el Río que contemplamos. Famélicas cabras siguen en curiosa delgada línea a su pastora que poco tiene de pastoril. Y por más que la miro más sombra me parece, toda ella perfil, producto de años de vida en tal yermo lugar imagino. Donde los caballos son medio Rocinante y compiten como alimañas en busca del halo de sustento cotidiano entre las basuras. Me sigue sorprendiendo la pobreza de estos mundos de casas y calles sin ton, ni son, que dibujan paisajes retorcidos y cambiantes, lugares y personas que captan mi atención y ocupan mi razón…más aun cuando tras cruzar un puente sobre una capa negra de vertidos varios que actúa como negro espejo de esta realidad urbana, cruel, continua y global, aparecen ante nosotros perfectamente ordenados coloridos contenedores mercantes con logos de empresas en inglés que contienen el maná que se niega a muchos en estas tierras. El fruto de este país embalado para otros confines y otras personas, vetado para quiénes lo habitan. Expolio, colonización, esclavitud, violencia, llámenlo como quieran.

Los Urubú se adaptan y otean a medio camino entre los contenedores y los barrios de la miseria, al fin y al cabo, polvo somos y en carroña nos convertiremos. Es difícil hallar sentido a lo absurdo, pero en todo momento hay detalles magnánimos. Estilizadas, elegantes, y dignas, las blancas garzas mantienen su compostura señorial sobre el rio de basura negro, parece fatua su presencia, absurda o grotesca incluso, pero si no fuese por ellas, …¿quién iba a recordar que el mundo es otro, y que es posible?

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2 comentarios en “Es difícil hallar sentido a lo absurdo

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