De lugares, personas y mares.

No sé explicar el porqué, pero creo firmemente que existen lugares a los que estamos plenamente conectados. Lo sentí de golpe, de lleno, por sorpresa, cuando ya lo había experimentado con anterioridad en el mismo lugar.

Zurriola

Tiempo muerto en Donosti,  vago sin rumbo, como siempre, acabo dirigiéndome al Kursaal. Una vez más, me detengo fascinado  contemplando como el Cantábrico chocha con el Urumea, en una lucha sin cuartel que siempre gana el mar, y nunca la pierde el rio.  No sé explicar porque, pero  me fundo con el puente de  Zurriola y disfruto de cada momento de impertérrito testigo. Desearía poder unirme a ellos, pero cada segundo que pasa deseo menos y contemplo más. Y al cabo de un rato, me siento tan en paz, que ya no sé si soy Urumea o Cantábrico. Lo que sí sé, es que no puedo explicar el porqué me siento tan conectado a ese lugar.

He visto varios océanos, y he probado varios mares. Incluso he visto el mismo océano en diferentes mares, y aún así por más que veo, más claro tengo el mar al que pertenezco. No soy hombre de mar, más de montaña me siento. Pero en Cantabria, es difícil escoger. Nunca sabes donde vas a acabar, si en las Montañas más altas o en el inmenso Mar. Ambos imponentes fines, en uno sientes un silencio rotundo, en el otro un continuo rugido. En ambos lugares sabes que poco tienes que decir. Ayer, hoy y espero que mañana saboreé salitre. No hace falta mojarte, para sentir el Cantábrico. Son de esas pocas cosas en la vida que nunca engañan.

Desde que me asomo a él y sé que ya no estás, siempre te recuerdo. Fuiste un alumno de esos que te hacen agradecer el ser maestro. No de esos que son tan tontos que sacan todo sobresaliente, sino de esos que les brillan los ojos cuando tu hablas, aunque no te escuchen. Pues, piensan, luego son. De esos, que sabes que cuando levantan la mano, no quieren respuestas sino nuevas preguntas. De esos, que lo que menos le importa es la nota, o el tiempo de clase que queda. De esos que hacéis que a veces las clases sean eternas. Eras de esos que hacen que cuando llegas al despacho, la visión de la lección sea otra debido a tus preguntas. Nos recuerdo hablando varias veces de cosas que surgían de la clase y que iban mucho más allá. Pues, para tí la clase fue siempre más jaula que una meta.

Cada vez que veo las olas chocar, cada vez que oigo al mar rugir, no puedo evitar pensar que tú estas ahí con él. Que él te eligió para tenerte a su lado. Seguramente no hay ningún porqué, pero no por eso cejo de preguntarme porque tú. Tampoco nos conocíamos tanto, pero lo suficiente para saber que cada momento que viviste lo disfrutaste hasta el final. Por eso lamento tu ausencia, porque personas como tú son los que hacen buena nuestra profesión. Personas que como el mar siguen batiendo una y otra vez hasta que consiguen abrir brechas para que los otros puedan crecer.

http://vimeo.com/33431895

Seguiré disfrutando siempre que pueda  de este mar que hemos tenido la suerte de conocer, y estoy seguro que en algún momento, todos los días que lo  vea cara a cara, reconoceré en alguna ola, espuma, vaivén, chocar o batir ese destello de tu ingenio, ese bienhacer de tu presencia que no dejaba a nadie indiferente. Desde hace un tiempo para mi y desde hace nunca para ti, el mar cantábrico susurra y ruge tu nombre en memoria de lo egoista que fue al llevarte con él. Marcos, donde quieras que estes, descansa en paz.

 

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