Piolas comidas porteñas

Bifé de Chorizo, empanadas de cebolla con queso, lomo, lomitos, matahambre, pizza fugazzeta, dulce de leche, tortas, tartas, choclo, facturas, costillas, mediaslunas, alfajores, humita, arrope, migas, milanesas y surprise. Buenos Aires es un festín, manjares con personalidad criolla y manufacturas artesanales.  Si comer es un placer, Buenos aires es la Sodoma de la gastronomía. No basta, Sodoma no basta, grande Buenos Aires, Gomorra también pues.

Comencé con unas mediaslunas y mate cocido con leche, siempre me gustó probar y tengo que reconocer que la calidad de la repostería argentina me encantó: facturas, tortas, havanets, galletitas de limón, me parecieron siempre “riquitísimos” y muy artesanales. En especial, recomiendo cerca de mi hotel: Panadería, Confitería y Rotisería La Orquídea en Rodríguez Peña, 474. Quizás no sea la mejor, ni la más bonita, ni antigua, pero sus dependientes son de toda la vida. Despachan con amabilidad, sin sonrisas forzadas, ni falsas modestias, y todos sus productos son una tentación que se convirtieron en mi primer destino por la mañana y mi última parada por la tarde.

Ya sabéis que una buena comida cuando más se  saborea es en buena compañía, y que con buenas charlas no solo se digiere mejor, sino se crece. Yo comencé en Montserrat, avenida de Mayo sobre el 1156, con una milanesa de cine y un puré de puro teatro. Buenos Aires, pura comida y arte, el local es un homenaje al mundo de la escena. Más sobrio y moderno, un poco más arriba y otro día, en Rivadavia con La plata disfruté de sabrosas costillas que me hicieron ya dudar. Soy del norte, de buena carne, pero aquí la deben cortar los ángeles. Suma y sigue.

Mala experiencia en Pippo´s, 69 años de tradición porteña en Montevideo con Corrientes. El número y la tradición fueron buenos augurios. Contradictorio resultado. No recuerdo un local donde me tratasen peor. Por no hacer, no me hicieron nada, fui inexistente durante toda la cena. De forma anodina me sirvieron, me cocinaron y me cobraron. Ahora, si la carne, aunque buena, se me atragantó por el servicio, el dulce de leche fue supremo y con cada cucharada me olvidaba más de los tristes y grises camareros. En toda mi estancia, el dulce de leche fue tan común como el cachopo cuando estuve en Asturias. Pero aunque ya lo conoces, no dejas nunca de querer probarlo y no pierdes oportunidad de deleitarte con su sabor en tus labios. Son sabores que son especiales porque los haces tuyos, y no serán los mejores, ni más intensos que otros, ni más novedosos, son simplemente los que tú quieres, los que esperas, por eso son especiales.

Carne buena la qué disfrute en la Boca, esquina del estadio junto a las vías del tren. No me gusta sentirme mosca, y a riesgo de arañas abandone rápido y decidido caminito, buscando un lugar real donde comer. Esta vez lo encontré. El local es un homenaje al equipo y el camarero un homenaje al cliente. No es ni guapo, ni educado, no parece especialmente pulcro, ni limpio, pero te trata con la cercanía justa que te hace sentirte casi como en casa, o al menos como una visita deseada. Tuve el gusto de comer mientras compraban, partían, asaban y cobraban la misma carne que yo estaba comiendo. Un gusto, che.

 

Por exigencias del guión comí varios días a la carrera. Buenos Aires es grande, y yo solo tengo una vida. Me gusta comer, pero más levantarme y andar. Eso es vida, ¿verdad Lázaro? Todo un mundo para ver, viejo. Así que algún día, lo confieso, comí sobre la marcha. Y la verdad me fue rebien, gordo. Comí cosas piolas en el mercado tempranero de Balcarce, ricas migas, facturas y tartas en el final de Santa fe, también en Pueyrredón y Córdoba, y a pesar de tanto andar me quedó Tira la vaca en Puerto Madero que pospuse por occidental. En cambio, me llevaron al Querandi en Perú, San Telmo donde  no solo se siente la historia de Buenos Aires, sino se come tan bien que la comida es lo de menos. Pura historia del Tango, baile para sentir, ver y oír. Hubiese gustado caer por algún gallego, español o asturiano porteño. Pero, ¿viste gordito? Buenos Aires tiene casi tantos platos como calles. No se puede comer todo lo que se ve.

Antes de despedirme, me recomendaron una mítica pizzería: El Cuartito en  Talcahuano 937, Recoleta ya. Sabor, historia y deporte, local clásico donde la pizza reniega de su condición de comida rápida, tanto por su calidad como por lo que tardan en atenderte. Merece la pena.

Bifé de Chorizo, empanadas, lomo, lomitos, matahambre, pizza fugazzeta, dulce de leche, tortas, tartas, choclo, facturas, costillas, mediaslunas, alfajores, humita, arrope, migas, milanesas y surprise. Buenos Aires bien merece un festín.

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5 comentarios en “Piolas comidas porteñas

  1. Excelente los post que estas poniendo de argentina, por lo que veo de paisajes no viste nada, pero de comida eres un perfecto comensal saludos Gonzi te queremos Flia. Teran.

  2. ¿Por qué la fascinación por el dulce de leche? Tenía entendido que en España se consigue…! Aunque por ahí al no ser casero es de mala calidad.
    Otras consultas breves:
    -¿Qué vendría a ser ‘arropes’? ¿Las mermeladas?
    -Hace un rato me enteré que ‘matambre’ es un argentinismo, jeje.

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