Este país viaja en combi.

Cerrito con Viamonte, teatro Colón, vereda del nueve de julio. Aquí se toman las combis para el conourbano. No hay cola, ni conductor, pregunto y muy amables me orientan en todo. Tanto que no me quieren explicar más y me dicen que ellas se encargan. Bonarense a bonarense se llena la combi. Combi germana, limpia, nueva y cuidada. Sube el conductor vivo reflejo de su auto, muy educado y atento. Le ponen al tanto, llevamos a un gallego perdido que nunca montó en combi en este país (en Perú, fue horrible) que quiere bajarse en el Coto de Temperley. Impresionado me deja la amabilidad con la que me tratan, también lo amables que son con el conductor y él con ellos. De repente un coche se cruza y nos molesta, pues se saltó un semáforo. Nada extraño en esta jauría sin carriles, ni intermitentes. Y el conductor se transforma en un ser listo para la brega. No importan los hechos sino como los interpretamos. Hacia minutos él mismo se había saltado dos, sin cruzarse a nadie, si, pero semáforos al fin y al cabo. Así somos, muy relativos.

La combi germana funciona como un reloj, no es barata, pero si eficaz y segura. Las personas amables y cercanas, diferentes mismo, pero cercanas. Me pregunto: ¿Podría ser una metáfora de este país? Un país rico y con recursos, varios y abundantes, espacioso y seguro. Si podría ser, pero no han querido.

Las combis surgen principalmente del desmoronamiento del servicio que daba el tren público. Que Menem convirtió en carencia, privada, eso si. Poco sé de este país, pero creo que Menen fue el gran cáncer. Cuando pudo realizar un gran proyecto de país, organizó un mercadillo y lo vendió en lotes de pingues beneficios. ¿Para el país? No mujer, no, para él, los suyos y los de afuera. Y ahí sigue, velando por la democracia como senador. Curiosas democracias padecemos.

Este país no entra en una combi, se quedan fuera quienes no quieren y quienes no pueden. Los unos, que son muy pocos y cada vez menos, viven al margen en su burbuja donde viajar por tierra y en colectivo es ordinario y un engorro. Los otros, que son muchos y cada vez más, no van en combi. Porque por no tener, no tienen ni a donde ir. Y así con muchos fuera de onda, este país sigue adelante. Y cuanto más distancia haya entre los que se quedan fuera, más difícil será vivir para los que están dentro. Los de arriba tendrán más, pero vivirán peor y los de abajo seguirán mal, que peor no se puede, pero se quejaran más.

Y así poco a poco todo seguirá dando vueltas. Coto de Temperly ¿Alguien quiere bajarse?

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