Life is good, my friend

Hoy fue un día de esos intensos que sabes van a tener repercusiones en tus futuros pasos. De esos, en que sin previo aviso, de manera caprichosa quizás, se apaga una de las luces que más iluminaban tu cielo. Afortunadamente, aprendí hace tiempo que en el cielo no somos planetas, sino astros, gracias mi pequeño príncipito, y que nuestro cielo brilla más no por las estrellas que en él haya, sino por lo que nosotros irradiemos hacia él.

Cuando estaba levantado acta al día, cenando solo en una terraza de la calle Uruguay, la vida se materializa para relativizar el universo. Finalizaba de cenar con prisa, preguntándome como es posible conocer a algunas personas mejor que lo que ellas se conocen. Y reprochándome no haberme escuchado más a mi mismo, aunque es difícil cuando la sirena nada y canta tan y como te gusta.
Pues, en esas andaba cuando llegaron ellos. Pareja, morenos y bajos. Él malcarado de entrada, ella elegante y discreta, se sientan a un lado y rápidamente, nervioso me pregunta en metálico español: -“¿Sirven acá en la terraza?”-
Les respondo que sí, y esperan al servicio. No sé en qué idioma hablan, lo hacen bajo. Les imagino árabes, por la actitud de él básicamente.Tardan lo habitual, en Buenos Aires, en servirles, además les toman dos veces nota. Él se irrita y me mira buscando complicidad. La recibe y se anima, -“ que malos son los mozos en este país”- dice con vehemencia buscando desahogo. Ella le mira para intentar que mantenga la compostura. Yo le tiro el lazo:
-” where are you from?- les digo imaginando su procedencia. Él me mira fijamente y lacónico repite mis palabras, interviene ella y me dice somos brasileños. Sorpresa. Y ahí aparece la vida en estado puro para recordarme cual es la luz que debo cuidar. No leves reflejos, sino pura luz.
El abracadabra fue: Estudié en Joao Pessoa yo.
Ellos son de allí, surgió la chispa, comenzamos a hablar y después de quejarse el amargamente del trato que reciben los brasileños de los argentinos, me invitaron a su mesa. Comenzamos a compartir y resultó que yo jugué, casi con toda seguridad, con el hermano de ella al basket. Pero, lo mejor es que siendo unos desconocidos como somos, de diferentes procedencias, culturas e idiomas en un país extranjero para ambos, a pesar de todo eso, conectamos. Yo les conté mi día, en el que iba parte de mi vida y ellos sus pasados y próximos planes en los que dibujan sus días.

Life is good, my friend. Varias chopos (pintas) después seguíamos compartiendo sentimientos verdaderos como si fuéramos amigos íntimos. Mucho decíamos, pero sobre todo mucho nos escuchábamos. Más ella, que de largo es la más inteligente. Pasión y acción compartimos él y yo, y ganas de ver y hacer mundo, los tres. La camarera no entendía nada me confesó. -” pero, no estabais juntos y sois de diferentes países”- me decía buscando explicación. Me acordé otra vez de vos, ¿viste,mi pequeño principito?. -” no mire con los ojos, señora, si quiere entender”- se me ocurrió como única explicación. Lentamente saboreando nuestras últimas palabras y primeros pasos nos fuimos despidiendo. Sabedores de que no será fácil que volvamos a coincidir, pero seguros de que si hay oportunidad la vamos a aprovechar. Las cosas que se marcan a fuego, no necesitan mucho tiempo para perdurar. Momentos de vida que raramente se apagan. Poca palabra, y mucha actitud.

Life is good, my friend. Lo importante no es lo que nos pasa sino como lo interpretamos. Pues, los imponderables a veces tienen estas cosas, en dos días donde dicen digo, dicen Diego. Eso si, sin perder ápice de sinceridad. Cosas del miedo imagino, es difícil mantener la mirada a la hoguera cuando siempre se vivió entre sombras. Hay cosas que nos marcan de por vida, pero es imposible y mala elección, cargar con las cosas que ya no suman. La mochila tiene cupo y las piernas te llevan más lejos y mejor si están ligeras. Dulces sueños pues. Y no olvido el consejo mi nuevo amigo brasileño, las estrellas fugaces si son de verdad, tarde o temprano, vuelven por su trazo. Si no solo eran lluvia de meteoritos, lo importante es que les dejes hueco, mi amigo. Ya sabe él que en buena mochila hay hueco siempre para las cosas importantes de la vida, que son cuatro, ¿Verdad, mi principito?.

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