Up in the air

La noche antes suelo dormir poco y comer menos. En el desayuno hago lo mismo. De esa forma suelo descansar en los aviones y de momento nunca sufrí jet lag.

Tuve suerte en la cola, y me enfrascaron en una conversación, sobre novelas,una profesora cincuentona en busca de su marido rumbo a Chicago y un señor muy educado de casi setenta ya. El acariciaba, con educación y tranquilidad, cada palabra que compartía. Ella recibía como oro en paño sus consejos, y yo escucha atento. Tras pedirnos permiso nos recomendo un par de obras y así nos despedimos. Se acabó la cola y también la suerte.

Me senté donde siempre: segunda fila de emergencia a la derecha en el pasillo. Y me tocaron los monos de feria. De Madrid con raíces cántabras y veraneo en Alicante.
Llegó él quejándose como un niño de 8 años, por todo, por nada. Jolín en el medio, jo ahora hace sol, jo que azafata más rancia,… jo vivo, luego existo… En seguida, comenzaron a criticar la ropa de todo dios, intenté hacerme el sueco a ver si se atrevían conmigo, pero un de nada me traicionó. Ya estaba perdido, los monos en sus puestos y yo sin bananas , ni maní.
Se cebaron con las azafatas para acabar hablando de un champú de caballo que usaba la madre de ella y da un brillo inegualable. La pena es que no lo uso su mismísima madre antes y en púbico, pues igual de tanto brillo habría desenfocado al espermatozoide que engrendó a mi compañera de vuelo. Pero no, aquí está ella que no vale un real, mucho menos un Potosí, juzgando a todo dios. “Un espejo por favor, que el bicho este no se conoce”-grité alarmado.” So late, no hay nada que hacer” – me guiño cómplice la azafata.

“Me da igual que sea una choni de mierda es una tía majísima” -continuaba el engendro-” esa noche fui centro de la fiesta, me lié con tres tíos, y me tuvo que llevar un profesor en taxi al hotel”- sin descanso siguió orgullosa, la cansina no tenía fin.

Justamente había discrepado con los señores de la cola sobre esto. Ellos decían que los jóvenes actuales eran más incultos que antes. Yo les dije que es imposible que así sea. Ahora resonaban mis palabras en mi cabeza y en vez de tragarmelas encontré el sentido. No es que sepan menos, es que no tienen ni puta idea de que hacer con lo que saben. Han pedido el norte, se reinventan cada seis meses en función de la moda que suena, y todo es efímero y superficial para ellos. Sus borracheras, sus polvos, incluso sus amigos a quién llaman choni de mierda, todo lo viven igual sin implicarse, sin relacionar, sin discernir, sabedores de que si algo falla, habrá maná de sobra en este mundo repleto de estímulos a saldo de ganga. Así nos va.

Alucinodo (estado de una persona que alucina an grado mayúsculo) me tenían ya, se comportaban como seres ajenos, como telespectadores totalmente aislados en su realidad. Gente gris, vestidos de urugallos, nada que destacar más allá del humo que venden. Son tan huecos, tanto que son incapaces de discernir tiempos, momentos y espacios. No tienen nada dentro para retener los ecos que les llegan, lo pusieron todo en la superficie. Allí donde todo se erosiona, donde nada perdura. Viven sin referentes y consumen sus días buscando emociones donde llenar su vacío: tequila con ron, rollos con tres, imágenes y estilos, todo vacuo, ajeno e impersonal. Este es el gran error de nuestra educación, desconectamos la escuela de la vida cuando la familia más delegó en la escuela. Les dimos muchos contenidos y pocos referentes y al final se han forjado así mismos viendo sus reflejos en la MTV y en el Ikea. Apagamos la hoguera de la caverna cuando llegaron los rayos catódicos, el aire acondiciona y la escalera mecánica. Dimos por hecho que ya todos sabrían donde quedan las cenizas y las ascuas, que sabrían como huele el humo y que aunque se disipe rápido su hedor permanece. Pero, resulta que hay generaciones que han crecido sin saber, ni sentir que cosas dan calor y reconfortan de verdad en esta vida.
” Jo, se lo toma en serio la azafata” – dice ella con asombro.
Responde él con suficiencia un lacónico-” si, pero el uniforme es horrible”.
Intervine para explicarle a ella: ” T-R-A-B-A-J-A-R, se llama eso que hace la azafata”- seguí -” y algunos nos gusta hacerlo lo mejor que podemos”.

Me miraba sorprendida mientras yo seguía-” una vez hubo un lugar donde pretendían enseñar como el trabajo dignifica, pero se confundieron de personas…tú estarías divina allí, ¿ por qué te favorecen las rayas, verdad cariño?”

Ya estamos aterrizando, el cabecea y cada vez siento más su peso en mi hombro. Le miro de soslayo y me pregunto: ¿qué culpa tiene el pobre? Si no ha hecho más que tragar lo que le daban…¿víctimas o culpables? Descansa angelito, que en breve podrás revisar tu look de los 70s. Así aterrizamos y volvimos al suelo firme. Pues, la realidad nunca te abandona ni siquiera en el cielo, y esta siempre supera a la ficción. Por cierto, no os recomiendo el champú ese del brillo, porque brillar, le brillaría como crin equina el pelo. Pero, en lo que más se parecía a un caballo era en el olor. En fin hay gente que lo tiene todo.

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