Tiempos de cambio

Mientras dejaba la plaza anoche rumbo a casa, cruzando Cañadio, sorteé a montones de gentes que llenaban los bares, y oía como la horda rugía en el Sardinero. Yo no podía dejar de preguntarme: “¿Cómo puede ser que tantas personas quieran permanecer ajenas e indiferentes ante una oportunidad de poder reclamar marcar el rumbo de sus vidas?
Hoy tuve la respuesta.
Durante los últimos días, palpé el compromiso, responsabilidad y esperanza de personas de diferentes lugares, tiempos y atalayas que se reunían para poder reclamar un nuevo puzle donde las piezas puedan encajar y no solamente cuadrar. Personas que reclamaban un juego dónde puedan sentirse participes y no solo participantes. Personas que ansían una partida dónde lo más importarte no sea quién y cuánto va a ganar. Sino como se juega y como son las reglas. No como ahora, dónde los menos van de oca en oca, les toque o no, y los más, son siempre quienes tiran con un dado trucado.

Un dado que dicen les da libertad, que hay que tirar por responsabilidad, para poder opinar. Un dado que parece tener solo dos caras, que son la misma: una más amable y sociable y la otra más clara y estirada. Dos caras de un mismo señor que solo piensa en números y porcentajes y que solo ve a aquellos que tienen su misma jeta. El resto de caras son solo número para él. Números que son votos, números que son productores, números que son consumidores, números… cómo las 600 personas muertas de hambre y sed a la deriva en el Mediterráneo. Números a la deriva entre un país rico que no quiere más pobres y un país pobre que no quiere más ricos, pues ya tiene unos pocos.
Y es en este vaivén de muchos países pobres y unos pocos ricos dónde se asienta el juego. Un juego desequilibrado que controlaban los países fuertes, pero resulto más divertido, arriesgado y lucrativo cuando unos pocos ricos de estos países se dieron cuenta de que podían salir de su casilla y jugar en todo el tablero. Y ahora los ricos se igualan a los países y los países se ganan a los ricos para poder seguir jugando en este juego desequilibrado.
Pero, ya se sabe, todo juego tiene un final, el tablero ahora tiene cada vez menos y más ricos y muchos y muy pobres. El juego va tan acelerado que algunos países de los fuertes empiezan a agrietarse.

Mientras, nosotros seguimos tirando los mismos dados trucados que lejos de provocar algún cambio, lo único que hacen es acelerar la inercia hacia el colapso provocando mayores grietas allá donde aparecieron.

Estuve a punto de no votar, y al final lo hice. Pensé no formar parte de todo esto y al final lancé mis trucados dados. Toca tiempo de cambios, habían pronosticado los voceros trasmitiendo las demandas de las manos que sujetan sus collares y llenan sus platos. Y ahora el señor vuelve a mirarnos con cara clara y estirada, con ojos firmes que dicen centrarse en ti, pero tú sabes bien a quién miran y de quién recelan. Es hora de cambios que serán los mismos de siempre e intentarán no modificar cosa alguna, cambios para vivir como siempre y para ganar los mismos, eso sí un poco más si se puede.
Mientras en la plaza, se diluye la fuerza en busca de líneas de camino, aparecen más collares que perros, y más notas que palabras. Se diluye la fuerza y no se ve aún el camino. Es pronto y hoy me siento un optimista demasiado informado, espero que mañana se oiga de nuevo el ágora.

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Un comentario en “Tiempos de cambio

  1. Cuanta razón tienes…vuelvo a sentir que esa utopia que se acercaba poquito a poco a nuestra realidad, se vuelve a disipar en esa noche estrellada de Génova…

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