En una caja roja

Me encanta el cine, y gracias al sacapuntas de la vejez, cada vez disfruto más con las películas.

Pocas personas saben que yo de pequeño tenía una caja roja. Era una caja fuerte, una especie de hucha, roja, de metal, con candado y sus llaves. No sé de dónde salió, de hecho creo que pertenecía a mi hermana. No lo recuerdo, pero así me gusta imaginármelo.  Yo mismo tuve que forzarla, después de perder las llaves.

En ella, fui guardando los pequeños secretos que iba conquistando: las llaves del instituto, los primeros condones, algo de hachís, menos de maría, pequeñas columnas trajanas y algún arco del triunfo. Incluso alguna de esas cartas, que se releen a lo largo de la vida. Pero, casi nunca conté que en ella, aún conservo unas fichas. Unas fichas de esas rayadas con líneas azules en cartulina que están divididas por una delgada línea roja. Sí, de esas que sirven para clasificar.

No son muchas, pero si unas cuantas. En ellas hablo de cine. Analizo, clasifico, anoto y califico las películas que veía en esa época. Son manuscritas, con una letra esmerada, que aún así, nunca me gustó. Escribía el título, anotaba el director, no a los intérpretes, algo de la banda sonora, una breve descripción del tema y explicaba porque la había elegido para conservarla en mi pequeña caja roja.

Recuerdo algunos sobresalientes: Things to Do in Denver When You’re Dead, dónde Andy García añoraba que la capa estuviese de moda, Un mundo perfecto, Sin perdón, como no Pulp Fiction, Cuando un hombre ama una mujer, Un hombre llamado caballo, Apocalipsis now, 2001 la Odisea del Espacio, que aunque no acababa de entender me hipnotizaba, también estaban los Goonies, La Princesa Prometida, que tenía narrador, me encantan los narradores, El Alamo, Evasión o Victoria y por supuesto: Los doce del Patíbulo, Los intocables de Elliot Nest, Regreso al futuro y por último, la Gran Evasión, dónde siempre quise ser Steve McQueen. Desde entonces, siempre elijo ser el mártir, siempre elijo a Steve o Costner.

Solo recuerdo un fiasco que despedacé sin piedad: Showgirls. Vaya bodrio, ¿verdad?

Ahora tendría un lugar reservado para aquellas que me marcaron y me ayudaron a dar algunos de esos pequeños pasos que te llevan justo allí donde debes ir. Allí dónde ya no hay retorno. Por ejemplo, Die Welle, que junto a Christian me hizo ver que Brazil ist sensationell, Into the wild que me ayudo a “go home”, El mismo amor la misma lluvia, Doctor Zhivago y Memorias de África, que me ayudaron a conocerme o La Espalda del Mundo que me ayudo a mirar y ver a mi alrededor…Lo bueno de estas estocadas mágicas de celuloide, es que no dependen del artista, ni del género, incluso ni de la calidad. Dependen del momento y del lugar preciso en el que estés. Allí  dónde va a encontrarte la película.

Me acaba de pasar de nuevo, voy a dar un nuevo salto. Love and Other Drugs

Aún sigue así, intacta, guardando pequeños tesoros con su cerradura forzada. Una caja secreta cerrada abierta al mundo. Roja y llena de pequeñas historias que siempre llevo conmigo.

Laila tov.

P.S. Ahora sé porque eran tan valiosas. Eran para mi, era yo en cartulinas. Por eso las guardaba en lo más seguro que conocía, en una pequeña caja que tenía cerradura, pero no llaves.

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