Pucela inmaculada

Domingo, ocho de la mañana, mi hermana acaba de irse en el tren. Esta amaneciendo y llevo cuatro horas despierto ya. Decido pasear antes de emprender el regreso. Cinco grados bajo cero, siete a la ribera del Pisuerga. Hielo blanco en el suelo que parece trozos caídos de la blanca y plana luz de la mañana.

A cada paso veo despertar a la ciudad, está tranquila, más de lo habitual imagino: frío y fiestas, dos buenas razones para quedarse en la cama. Buen día para un domingo, de esos de mayúscula, donde no hay prisa, ni reloj, solo piel y tacto. Hoy no toca, siento el frío y me resguardo en la iglesia de San Benito el Real.

Va a comenzar una misa. Noto cierto amparo a pesar de su austeridad Castellana. Miro alrededor y el bienestar se disipa rápidamente. Percibo miradas que me reconocen como extraño, gestos duros, desconfiados ojos, mentes planas y cerradas. Si supiesen que soy apóstata– me digo con regocijo. Abundan los grises y marrones, las caras serias y faces doloridas. No me reconozco en ellos, ni aman, ni conocen la vida. Sufren, han sufrido, o no tienen muchas ganas de vivir. Nadie sonríe, a pesar de que se saludan y conocen. Celebran la Navidad reconociéndose pecadores y pidiendo misericordia para si mismos. ¿De qué se culpan? ¿De vivir?… Me alegro de darles la espalda y volver a la vida. Al salir me golpea el frío y la luz. He vuelto a la vida.
Gozando de la luz y del frío me uno a personas, personas que disfrutan del sol, de estar vivos y de encontrarse con otros. No quiero saber nada de ese valle de lágrimas al que algunos se condenan. No quiero escuchar a ninguno de ellos que adoran las tinieblas y rezan para desprenderse de su cuerpo pecador.

Lo que yo quiero es sentir los días, tocar el  frio, descubrir una ciudad a la que se le ha adelantado el día y la  ha encontrado dormida. Pero, que poco a poco se despereza con desayunos, periódicos matutinos, barrenderos hacendosos y cada vez más coches recién levantados. Así mientras Valladolid se despierta yo voy hacia mi coche, dando gracias de estar vivo y de querer disfrutarlo cada día, segundo y momento.

Buenas noches y buena suerte.

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