Tan grande como la vida

-No, María, no creo que sea madurez-le escribo a la pilota.

– ¿Entonces?- dice ella con rapidez.

-Serenidad, y eso no lo dan solo los años….-comento mientras me sumerjo en el recuerdo.

Desde pequeño la he visto hacer, dar y apoyar. Con ella aprendí a compartir, dar,  escuchar, reír y querer….en ella, vi el amor, en ella vi el querer, en sus brazos descubrí la felicidad y en su voz la pasión.

Sencilla, humilde, … poderosa. Deberías ver como la gente se entristecía por ella. Y como ella no se quejó ni una vez, y solo en silencio se le escaparon algunas lágrimas. Mientras, parte de su vida se esfumaba delante de ella.

La Serenidad no la da el tiempo, importa más la calidad de lo que vivimos.  Ahora la sobreprotegen, temen por ella, y no saben que a pesar de todo está por encima de nosotros. Que tiene una entereza tal, que no alcanzaremos muchos ni en dos vidas. Pobres mortales que disfrutan de ella y no saben postrarse ante su grandeza. Que confunden humildad y sencillez con debilidad.

A pesar de estar rota se empeñó en visitar a sus hermanos para darles ella la noticia. Para permitirse descansar unos segundos en los hombros de su hermano mayor. Al que ya le cuesta entender y retener el mundo, pero que no dudo ni un segundo en proteger a su hermana pequeña que ya sobrepasa los ochenta. Me sorprendió verla por una vez desvalida, derrotada y entregada. Sola y sin reino, ni príncipe, se refugió unos segundos en la protección de su hermano mayor. Una protección envuelta en Alzheimer que hace todo más puro, más cercano, más real.  Por muchos sucedáneos que la ofrezcan a ella no le valen,  no está su Pepe, ni casi su mundo ya.
Y nada podrá calmarla salvo el calor de esa familia que tanto luchó por mantener unida, con gestos de honradez y generosidad continua. Nunca será lo que fue, pero seguirá deslumbrando hasta que se apague. Pues, el brillo de sus ojos, su serena presencia, y su sonrisa inmediata bastan para diferenciarla del resto. Todos queremos protegerla y ayudarla, ella solo pide que estemos con ella, y que estemos como ella como siempre soñó siendo una gran familia.

Gracias Güela.

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