Berlín ist sensationell

Cuando algo transcendental nos acechaba (siempre los mismos miedos, las mismas pasiones) Christian y yo nos íbamos al cine de la Zeil StraBe. Cines pequeños, con encanto y poca entrada. Tenía que decidir si dejaba Frankfurt por Brasil. No recuerdo la película, recuerdo la conversación con Christian y nunca olvidaré la sorpresa a la salida del cine. Salía deshojando la margarita y cuando con rotundidad oí: “Zalo, te vas a Brasil mira”.

Levanté la cabeza y me topé con un anuncio gigantesco del gobierno brasileño donde aseguraban que  Brasil era sensacional…..durante la película los organizados empleados alemanes habían empapelado toda la calle. Me fui a Brasil.

http://www.youtube.com/watch?v=i5IBKMkZYeY&translated=1

He estado dos veces en Berlín, y no puedo describirla de otra forma: es sensationell. Es una ciudad atemporal. Pasado, presente y futuro aparecen en cada rincón, en cada persona, en cada momento, en cada sabor. Y no sabes con que quedarte. Los días de 24 horas se hacen cortos.

¿Por dónde empezar? Al visitar hay que elegir entre la ciudad y los museos. A no ser que el tiempo no sea problema. Pérgamo es el museo más espectacular que visitado. ¡Han reconstruido dentro de él varios templos de diferentes culturas! y eso no es lo mejor. Lo mejor es que han conseguido crear un ambiente cálido y especial en cada templo. Los miles de turistas parecemos insignificantes ante la grandiosidad de los templos. Merece la pena visitarlo. Un truco: sacad su entrada en otros de los museos aledaños (isla de los museos) y así os evitáis las colas. Pero, no evitaréis que os miren con envidia o malaleche a todos los que adelantáis al llegar. Incluso tendréis que empujar, educada pero firmemente, a un italiano ligero de cascos y vestido al último grito (a punto estuvo de darlo él).

No os contaré nada de Nefertiti. No merece la pena. Hay cosas en la vida que solo se descubren al experimentarlas. Yo aún recuerdo su mirada. Más de 170 museos tiene la ciudad. Berlín es cultura, historia y arte. Pero, a la vez derrocha vida y personalidad.

Pasado, lo mejor de varias civilizaciones y de medio mundo. Presente, pasear por la puerta de Brandeburgo, toparte con el muro, viajar en el metro, perderte en Alexander platz, comer y beber a muy buen precio y a mejor calidad. Futuro, ver la huella de Foster, bañarte en la luz de la Postdamer platz, descubir una piscina dentro de un rio, o unos colosos luchando en el, disfrutar de la exacta puntualidad de los autobuses…

Y aún no es nada, nos falta pasear por el barrio diplomático y por los senderos del Tiergartem (parque de las fieras) que pueden llevarte a mundos dispares. La última vez acabe en el puente de encuentro de gays en la hora H, espectacular la fauna y sobre todo la flora. Tuvimos que ir a refrescarnos a uno de los magníficos Biergarten donde se come y se bebe como en la gloria.

Y al lado está el zoo, y los canales navegables, y el barrio occidental. Con grandes avenidas de lujosos pisos que no sucumbieron a la destrucción. Testigo de la barbarie, su iglesia de la que solo sobrevivió parte de su altar. Desafía aún a la gravedad. También, están los almacenes comerciales más viejos del continente,  con una oferta gastronómica que hace temblar a cualquier paladar.

Nos falta aún visitar el barrio alternativo con Tacheles al frente donde se mezclan globalizadamente turistas curiosos, punkis de tradición, drogatas perdidos, camellos negros, artistas variopintos y negociantes capitalistas. Al lado el barrio judío con una sinagoga arrogante recubierta de oro.   

EL barrio turco es una delicia con rincones de otro lugar, de otra forma de vida. Es un culto al relax, y al disfrute de los pequeños detalles de la vida. Esos que dan la felicidad. ¿Más madera? El estado olímpico, la zona soviética perfectamente planificada, el parque a los soviets caídos en el frente. El monumental barrio que atraviesa Unter der Linden. Dos plazas: la residencial Rosa-luxenburg platz y la plaza de la Franz Friedrichst Dom.

Casi no he hablado del muro, del check-point y del recuerdo al holocausto. No lo voy a hacer. Se necesita un viaje para ello. Para visitar incluso las catacumbas nazis, para sentir el frio y el miedo del monumento al horror. Yo lo visite de noche, y se siente miedo al adentrarse en el. Es el mejor recuerdo, sentir parte del miedo pasado.

No he acabado de contar todo y tengo ganas de volver. De observar a la sombra que nos seguía con males intenciones, a la que despiste cruzando detrás de un camión. De volver a asistir a una sesión de la Berlinale.  De disfrutar de la paz de una gran ciudad. Es la única megaurbe de todas las que he visitado donde se vive en paz. Dónde le ritmo y le movimiento no te arrastran si no te dejas. Los de pueblo siempre nos sentimos inseguros con tanto asfalto, pero Berlín no te avasalla, te arropa. Cada cual tiene su lugar en Berlín.

La próxima vez iremos en bici o patines, y cenaremos a ciegas en un restaurante sin luz. Verídico, los camareros son ciegos, y el bar está a oscuras. Comes sin ver y sin saber hasta que pagas. La próxima vez será la vencida.

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