Home, sweet home.

Home, sweet home

 

Ya estamos apurando el invierno, pero de vez en cuando nos sorprende una nevada y alguna bajada de temperaturas. Aunque se percibe que se avecinan cambios. Si prestas atención notas un rumor en los bosques, en cada planta, en cada prado, un rumor que verifica que algo se está tramado. No dejaron de aparecer nunca los animales por la carretera, pero de nuevo son comunes. Y cada paseo es una visita, eso sí, nunca sabes a que especie.

El invierno ha sido uno de los más fríos y húmedos de los últimos años, lo que propiciará una primavera poderosa. Eso sí, habrá un capullo menos.

Me ha gustado la nieve de aquí. Es seca, duradera y polvo, tan fina como harina. Qué pena no haber ido a Colorado o Utah. Esquiar, esquié, pero la estación es de juguete. http://www.perfectnorth.com/  Eso sí, la nieve siempre está en las mejores condiciones posibles, así que se esquía bien, breve pero bien. Me sorprendo en los remontes. La gente te habla, cada vez que te sientas entablas una conversación más o menos interesante, pero siempre muy educada. Hasta los adolescentes, de todas las edades, apagan sus ipods y se ponen a hablar. Así conocí a Roger, un joven de 66 años que sigue perfeccionando su ski y está empezando a hablar español. Una persona muy amable, que enseguida se ofreció para facilitarme la vida aquí en las medidas de sus posibilidades y las de su familia. Fue un placer aprender a esquiar con él.

Cuando nieva mucho se paraliza el país, a pesar de que hay quitanieves de todos los tipos. Hay días de emergencia tres donde se cierran hasta las tiendas. Eso sí, como este mundo capitalista es incompresible. Se recomienda no circular en las carreteras casi como mandato, pero los camiones no paran. Este mundo de pies en la cabeza, cierra las carreteras para los coches por peligrosas, pero los hypercamiones no paran. Más madera.

A pesar de que las carreteras suelen estar cubiertas de nieve, más común aún es el hielo, nadie usa cadenas. La gente circula despacio, muy despacio, respetando mucho las distancias y casi parándose al cruzarse con otro coche. Yo estaba encantao con la conducción invernal. Tanto que antes de aparcar en casa solía realizar unas pequeñas demostraciones de conducción en nieve en el parking del colegio. Dignas del mismo Juha Kankkunen. Iba tan sobrado que un día me cruce con una enorme ranchera, y yo muy ligero y correcto no dude de orillarme para facilitarle el paso. Tanto que mi rueda derecha empezó a enterrarse en nieve, y dos segundos perdí todo el control de la situación y acabé empotrado en un afortunado montón de nieve. No hubo ningún daño, pero eso sí, tuve que abandonar el vehículo por la puerta del copiloto. Pues mi mercury sable GS estaba enterrado en nieve.

No había podido salir del coche, cuando ya habían parado dos rancheras más y sus conductores me rodeaban armados de diferentes gamas de palas. No me dejaron hacer nada, en unos minutos me desenterraron y me remolcaron. Fue impresionante como sin preguntar, sin juzgar, sin demora, todo el mundo se puso a ayudar. Y eso que aún no me había presentado. Lo más espectacular es como señalizaron con sus coches la zona de siniestro. Pero más, como el resto de coches pararon en la carretera, a pesar de que tenían espacio para pasar, y esperaron hasta que acabaron de sacar mi coche. Nadie interrumpió, nadie preguntó, y mucho menos nadie pitó. Viva la civilización.

Cuando se está a mucho bajo cero, es como estar en la nevera. Todo se paraliza, todo se conserva mejor, porque se suspende la vida. Se preserva para tiempos mejores.

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