Cars

Una de coches

Desde que tuve que abandonar la furgo, nada ha sido igual. Solo el Fuskinha en Brasil estuvo a la altura. El resto son sucedáneos. La furgo era una prolongación, una proyección de mi mismo, lo demás medios de transporte.

Esta semana acabó de sacarme el carnet de conducir, en Brasil anduve con una fotocopia totalmente ilegal y por si acaso, un billete de 50 reales. EL carnet aquí es un mero trámite. Es necesario, te sirve de identificación, en  el se especifica hasta el color de tus ojos y donde cargas si ha derecha o izquierda. Ya se sabe que aquí suele ser a derechas o un poco más a la derecha.

Dije voy a hacerlo sin estudiar. Me dijeron no seas flipao estudia la semana antes, aunque sea mírate los límites de velocidad me dijo un andaluz. Y como soy de Bárcena fui a pecho descubierto, pero antes de hacerlo me traicionaron los nervios y me miré los límites.  No cayó ninguna pregunta de los límites, malditos andaluces, así que suspendí por dos fallos. No tuve pagar nada y me pude presentar al día siguiente. Esta vez me miré las señales y aprobé. Pagué y la semana próxima hago el práctico con mi coche en media hora. Las preguntas fueron casi las mismas y eran todas lógicas, tipo: ¿si se le pone un agente de tránsito delante que debe hacer?

a)     Acelerar y pasarle rozándole para ver si le tira el sombrero con el viento.

b)     Esconderse para no recibir un tiro.

c)     Cargar su propia arma para defenderse.

d)     Buscar en el diccionario como se dice: “los papeles del coche, por favor”.

Aquí todo se hace en coche, los restaurante todos sirven directamente a la ventanilla, los bancos tienen cajeros para el coche, pero también puedes hacer ingresos y recibir cartas en ellos. Los buzones en correos están puestos a la altura de las ventanillas, todos los parques tienen rutas para visitarlos desde el coche. Eso si ponen barbacoas en las cunetas, seguro que alguno atiende el fuego desde el coche. Hace poco entre en un área de servicio a despostar y cuando me di cuenta vi que en vez del tipo de gasolina tenía que elegir el tipo de pizza.

Así que todos mis vecinos pensaban que estaba loco cuando me veían ir a hacer los recados corriendo, en bici o andando. No les entra en la cabeza y más cuando luego me vieron con la scooter llena de bolsas y el coche aparcado.

Todas las familias tienen varios coches: una especie de deportivo, un todoterreno y una ranchera. Y luego el coche de los críos. Y la pregunta típica al salir de casa es: ¿en qué coche vamos?

Todavia me extraña ver a adolescentes con coches enormes, cuyos motores rugen más que sus alteradas hormonas o ancianos que cargan su botella de oxigeno en el asiento del copiloto y se aferran al volante como se aferran a la vida. Esto es Americalandia, dónde los coches son un modo de vida.

Estuve probando un Ford Bronco de los noventa, impresionante. Pero consumía más gasolina que anís el más afamado motorista de mi pueblo. Taluego. Me voy a Chicago.

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