Amor quatro

 

 

Las cicatrices impiden sentir. Las corazas impiden rozar. Los miedos impiden disfrutar. El momento se escurre en las prisas. Se confunden caricias con impulsos. Los recuerdos te hacen dudar, los errores te hacen crecer. Los ojos te hacen temblar, las manos te llevan a pensar, y cuando empiezas a pensar, no dejas de dudar. El desequilibrio te hace marear y ya no hay marcha atrás. Siempre los pies, te obligan a marchar.

Y cuando todo acaba, la pregunta ¿y por qué me siento mal?

Peleas entre el subconsciente y el inconsciente consciente. ¿Me he vuelto frio?, no cuando quise siempre lo fui. Todo o nada. No hay término medio. ¿Quiero serlo ahora? No, simplemente tengo que serlo. ¿Por qué? Por miedo al engaño, por miedo a la sorpresa. Muchas veces todo acaba nada más empezar. O mejor dicho nada más acabar.

Miedo a engañar, no quiero ir más allá. No. Un poco más, es demasiado, me empieza a incomodar. No quiero distorsionar. No quiero dar una oportunidad. Pero a fuerza de cerrar, ¿podrás abrir cuando llegué el momento?

Si, sin duda. ¿Por qué? Porque es lo que estas esperando, y aunque es lo mismo, no es ni parecido. El problema es que ya has sentido, ya tienes experiencia. Ya nunca te entregas igual. Y esos recuerdos que son tu referencia, son tan buenos porque te entregaste sin igual, sin miedo a caer, sin pensar en la red, mirando en sus ojos, siguiendo la música de pasos, y bailando guiado por su sonrisa, aferrado a su mano, sintiendo su peso en tu hombro, caminando a su lado aunque estés muy lejos. Sintiendo completo, incluso sobrepasado, ahora eres un poco más que tu. Uno más uno, es siempre algo más que dos. Ya no vives por ti, compartir es el máximo premio de este juego. Por eso, quienes más y con más comparten son más felices. Pero hay cosas que solo se pueden compartir contigo. Y sin embargo…

Quizás algunas mellas, no son para cicatrizar, sino simplemente para marcar, marcar para toda la vida. Los clavos siempre dejan huella, por eso usamos corazas. Para evitar las innecesarias. ¿Y el mismo clavo? ¿Puede dejar varias huellas? Todas las que queramos me temo. Nos acostumbramos a su dolor, y cuando empezamos a no sentirlo volvemos a moverlo para sentirnos completos. Una y otra vez, sin controlar la forma de parar.

El camino acaba, pero siempre hay ruta. ¿ Es libre el corazón cuando aún siente pena?

 

Verano 2008

DeJoao Pessoa to Brookville, pasando siempre por Bárcena

 

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Un comentario en “Amor quatro

  1. ¿ Hay que renunciar a lo extraordinario para acogerse a la seguridad de lo ordinario?, o puede que llegado el caso, ¿lo extraordinario sea exiliarse en la seguridad del dolor?
    Las heridas duelen, las cicatrices nos deforman.
    Castigados por Némesis, nos aferramos a las heridas cobijadas en un activo no olvido.
    Naufragando en un mar de interrogantes yo me pregunto, ¿ será el amor un castigo?

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