De Festa em festa

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Hace ya unos días, llevo ya un mes, fui invitado al día internacional de la prostituta de Joao Pessoa. Me temía la típica comparsa de snobs, faranduleros y artistas de misma calaña, pues había propuestas como la carrera de la braga y otras absurdeces. Así fue. Así, se vendió: acto social de reconocimiento y lucha por la integración y amparo a la prostitución. Lugar: una de las calles más antiguas de la ciudad, céntrica, de antaño, que conserva edificios y coches que recuerdan a la Habana. Poco recomendada tanto de día como de noche. Llegué, vi y ratifique. Los más guays de la universidad y del artisteo, ninguno serio, compartiendo sus bochornosos poemas, canciones y actuaciones para la causa, mientras, se mamaban y salvaban el mundo como acostumbran cada vez que se encuentran. Un cabaret adecentado para la ocasión y sus putas de gala exhibiéndose. Al lado de este cubo de iluminados, los clientes habituales mamaos, diciendo barbaridades a toda mujer cercana y siguiendo con su rutina cotidiana: borrachera y polvo. Ante semejante panorama decidimos hacer una exploración de campo, entramos a otro cabaret que está a 12 metros en frente del elegido para el acto.

Fue una de las experiencias más incómodas de mi vida. Estos puticlubs no son para turistas, son autóctonos, en una zona pobre. Imaginaros. No sé el precio, pero sería irrisorio. Humedad, sudor, todo el mundo borracho, bailando a duras penas, humo, la típica luz oscilante, mosquitos, mal olor, todo muy cargado, dulzón, pegajoso y sucio. Cuerpos decrépitos castigados por la mala alimentación y las buenas maneras. Abuso de todo, cuidado de poco. Y allí, dos psico de turno, miradas extrañas, poco reconfortantes, una puta que impedía el paso a voluntad, un viejo que se venía encima, entramos al final y de repente sentí muy lejos la puerta. No comprendía ni una palabra y era ajeno y vulnerable. Salimos, yo casi a la carrera, esperando que cerrasen la puerta y tener que luchar por salir.

Una vez fuera, comprobamos una vez más la absurdez del acto. Vamos ayudar a las putas. Organizamos un sarao donde ellas, nos mamamos, decimos sandeces y chorradas típicas u-tópicas, fumamos unos porros, damos unos masajes, exponemos nuestras chorradas, que a la fuerza son abstractas porque están vacías y… ¿habrá que hacer unas camisetas, no?¿oye y las putas y los puteros qué?, Eu que se, que estén por allí, ¿no?.

Volví a Campina, festas de São João. Este último finde. Esta vez con Rodrigo. Misma fiesta, otra historia. Estuve en los mismos sitios, hice lo mismo, pero todo fue diferente. Estos eran todos blancos, yo era de los más bajos, vestían todos igual, y siempre me intentaban hablar en inglés. Otro cubo, otra clase. Eso si había las mismas sombras recogiendo desperdicios, a veces de 90 años, otras de 8, pero siempre silenciosos, mudos y apagados. Años de pasar desapercibidos.

Conté a todo el mundo que era brasileiro de Mato Grosso do Sur, que es un estado que ni dios conoce, de Bárcena y coló. Baile mucho forró y bebí más de la cuenta. Hasta que caí en la cuenta, de que cualquier tiempo pasado fue mucho mejor, que los años pesan y que las fiestas sin el equipo, solo serán eso fiestas. Lo mejor la familia que me acogió, espectaculares, de bom corazaçao. Por cierto, esta vez los fuegos artificiales sí que eran buenos, sobre todo porque los tiraban tan cerca que las ascuas aún encendidas de colores llegaban al suelo. La gente encantada.

Saldo actual de las fiestas en Campina: nueve personas muertas, por causas naturales, para no ahuyentar al turismo. Es natural morir tras ingesta abusiva de alcohol, otras substancias, la acción de algún arma blanca, golpe o denotación de arma corta rayada. De vez cuando eran evacuados personas inconscientes, conscientes apresados, si tenían suerte, sino, esperaban en el suelo hasta que acontecía algo de índole mayor.

Ayer, volví a São João, esta vez en el centro histórico de Joao Pessoa. Una plaza tipo a la de cañadio, puesto de tiros, churrería, pinchitos, un templete enorme al cual solo te podías acercar a riesgo de perder un tímpano. Todos los gringos flipamos por el volumen. Y lo mejor actuaciones tradicionales de folklore Brasileiro de toda la región.

Empezaron unos viejos y niños con danzas circulares. Cantante y maestra de ceremonias una moza de mínimo noventa años. Alrededor de ella bailaban en círculo niños de varias edades y ancianos de muchas generaciones. Ella cantaba y la respondían alguno del circulo. Imaginaros después de tres minutos de dar vueltas que voz tenían los mozalbetes. Pues bueno, la viejilla les hizo estar más de un cuarto de hora, a un ritmo infernal, impresionante. Eso sí, el show acabo porque la mujer se quedo sin voz, todo tiene un límite, hizo un descanso, bebió mucha agua…pero esas cuerdas estaban ya muy estiradas. Lo dio todo.

Al llegar me percaté de unos que eran aún más viejos, llevaban un buzo azul con gorra y todo, un trabuco enorme en la espalda e iban en formación por toda la romería. Casi todos cojeaban, el jefe era tuerto y solo dos no llevaban gafas. Casi confundo a uno con Pepe juez. (Joder me acuerdo cuando Milio le enchufaba la chimenea con la linterna y el hombre se pensaba que estaba encendida en pleno verano) Bueno, había un joven que era clavado a Cesar Branchadell, hasta andando. Anuncian su actuación y avisan que no tiene riesgo porque toda su pólvora está seca. No me extraña, como para llegar a esa edad con algo húmedo, pensé. Pero, les hicieron la 13-14 y se colaron dos viejillas con pandereta que hacían una especie de rap-pimpinela picante que encanto a toda la gente, menos a los viejis que les hicieron esperar más de 20 minutos. Pues aquí quien agarra el micro, no lo suelta. Ellos en un alarde, excesivo y peligroso para mi gusto, permanecieron en formación con mosquetón y todo a la espera de su turno. Cuando les iba a tocar actuar, tal y como predije, perdieron un efectivo. Sin disparar pólvora alguna uno de ellos se desvaneció y casi la casca el hombre, tuvo que venir la UVI-móvil y se lo llevaron con fusil y todo. Por cierto, los fusiles eran muy grandes y llenos de adornos.

De Bárcena CAGUENDIOSCon más de media hora y una baja, comienza el show. El jefe tuerto de 200 años cantaba coplas a capela y cuando acababa pitaba un silbato en el micro. A la segunda tuvo que decirle uno de la organización que no se acercase tanto que iba a reventar un tímpano a alguien. Tras el silbato salía alguno de la formación se alejaba un poco y pegaba un fogonazo con el mosquetón. Bueno no os imagináis el estruendo que pegaban los chismes, ni el retroceso que tenían. Yo vi a alguno en el suelo, pero no estaban curtidos, bien curtidos. El retroceso hacia a alguno dar unos cuantos pasos para atrás. La cosa mejoro cuando apareció uno en coche por la zona de tiro y mientras le avisaban le descerrajaron un tiro en el maletero. Sin palabras. Es en serio, yo estaría a 30 metros y se notaba la onda expansiva. Me recordó a la boda de Isra. Pegaron 12 tiros se los dedicaron al desfallecido y se fueron a peinar canas. En ese momento yo vi a Richi abrazando a los viejos y pidiendo que le dejasen dar un tiro…así empezaría la cosa, el final…quien sabe.

Para acabar, me pregunto Rodrigo la palabra más fuerte en español. CAGUENDIOS le dije. La escribió en el parabrisas del coche de su padre para interiorizarla. Se le olvido limpiarlo y paseamos todo el fin de semana con tan magna inscripción. Rivalizamos con Jesus te amo, ella me guía, este auto es tu vehículo señor y alguna sandez por el estilo. Estoy pensando hacer unas pegatas para los coches del pueblo: De Bárcena CAGUENDIOS

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