Campina Grande

Campina Grande, O Sâo Joâo maior do Mondo. Nos fuimos el viernes, por iniciativa mía a la apertura de Sâo Joâo, una fiesta que dura treinta días y a cuyo primer día acuden más 20.000 personas. Bueno, al menos gente. Una especie de San Fermín sin toros y el mismo peligro.

Salimos de la estación de bus, pero en coche, de Carona. No, no es nadie de Corrales. Es sinónimo de hacer dedo. Lo que pasa que este nos cobró a cada uno unos cuatro euros.

LA ruta: unos 180 kms por autovía en obras brasileira, de noche. El coche: una especie de Corsa nuevo, cuatro puertas y marca Chevrolet. El conductor: un enano treintañero que se creía Masa y parecía un chupa-chups, tipo Roge el de Silió. El pasaje: su prima, con la que debía tener roce o al menos quería, tres jóvenes estudiantes y el embajador de Bárcena en Joao Pessoa. Si cuatro atrás. La música: a tope, Forró, una especie de Requetón.

Llegamos como salimos, a toda ostia. Eso sí, de chiripa. Se veía de lejos que el motorista (conductor) iba justo de todo, hasta de talla, para más inri conducía horrible, igual que un alemán banquero.

Tras unos primeros minutos de rodaje agresivo, disimulando en el control policial, y demostrada la pericia del piloto. Como no puede ser de otra forma la cosa empeoro.

Por favor, Poderia voçe fechar a janela um poquinho?. En respuesta, otra demostración, el aire congelador a temperatura ambiente, en Helsinki. Que frio.

La baja temperatura provocó poca fluidez en su poco sano juicio y de no usar intermitentes, adelantar por la derecha, frenar en el último momento a dos centímetros, usar el arcén para evitar frenar y otras lindezas al uso. Paso a: no frenar en las bandas sonoras (son escalones de asfalto) hasta que pegamos en dos, adelantar sin importarle que viniesen coches de frente, que estuviese prohibido o que hubiese conos o estuviésemos en ciudad. Cuando estaba dudando entre bajarme o alguna acción más loable como estrangularle con el cinturón,(se hubiese ganado algo o al menos dejar de perder) mi suerte se agrando. Nos topamos con otro gilipollas con un Honda accord que nos dejaba en las rectas pero que alcanzábamos en las curvas. ¿Cómo? Muy mal, chirriando el coche y a punto de salirnos…no en una curva al menos en tres.

Aun así vi un poco el panorama, el interior casi siempre más pobre. Casuchas con parabólicas apiladas en las cunetas, y personas de toda edad a cualquier hora ofreciendo todo aquello que se casi siempre se puede vender y siempre comprar. Muchos burros, bicicletas y carros portando mucho de nada.

La ciudad esta venida a menos, o sea muy cerca de la nada. Fue un centro de producción de algodón, herederos de la esclavitud supongo, y ahora está bastante devaluada. No, la esclavitud sigue siendo un pingué negocio. Viven unas 400000 personas y hay varios comedores populares que dan comida por un real, unos 40 céntimos.

No lleves la cámara me dijeron. No la vas a poder usar, no es seguro. Mejor deja también aquí el celular y solo lleva el dinero justo. Vestidos para batalla fuimos a la fiesta. Otra vez cinco en un taxi, es muy gracioso ver pasar coches tan pequeños con tanta gente, aunque el reKord (verde) estaba en Bárcena.cena torina.jpg

Además, en esta ciudad tienen moto-taxi, de todas las marcas, los colores, los tamaños, con motoristas de cuero, viejos, gordos, locos, lentos, de todo…

La ciudad era un pulular constante de motos llevando gente, era muy divertido.

La fiesta era un hormiguero enorme, había varios espacios aledaños donde se estaba muy bien, pero el epicentro superaba escalas de seguridad. Si parabas, te llevaban sin andar. Entre la gente estaban los puestos de comida y bebida y policías. Subidos en una especie de mirador redondo y otros abajo custodiándolo, el perímetro de estos puestos eran los sitios más codiciados. Discursos de media hora que solo consiguieron aletargar a la fiera. Sale el grupo de modo, y entre la multitud pasan ríos de personas. Unos pocos iban donde querían, otros permanecíamos anclados y le resto derivaba. De vez en cuando pasaba algún despojo humanos llevado bajos los efectos del alcohol, otras substancias, o con signos de algún percance. Lo mejor es cuando pasaba alguno desafiando al mundo empujando y atropellando, nadie se quejaba detrás venían siempre más. Filas de policías fuertemente armados, con sus defensas en postura de uso. Y ahí podíamos divertirnos.

Conocí a ChaiKosky, un buen chaval. Me contaban de que en pleno epicentro debajo de las terrazas vips para ricos blancos, mass medias y algún negro invitado. Podía suceder que te rodeasen y te invitasen a darlo todo, no me lo estaba creyendo. Cuando de repente una horda de unos quince pequenhos quinceañeros, alguno lo aparentaba pero tendría cincuenta, arrasaron con todo lo que había a su paso, empujaban a todo el mundo, casi tiran un par de puestos, y arrastraban a la gente que se quedaba en medio. Amenazadores, resueltos y decididos, tenían poco que perder. Era como un encierro. Fue medieval, luego me lo creí todo. Fue al baño, no me dejaron ir solo, menos mal. Dante describió uno de sus infiernos aquí. Al final, nos fuimos del epicentro y fue hasta agradable.

Gente tirada en cualquier lugar, dormida, derrotada, reventada, familias recogiendo toda clase de desperdicios, todos ellos negros, confundidos con la noche. Sombras al acecho de los despojos de los otros que en nuestra diversión alimentamos su agonía. Todos pequeños, negros y anónimos da igual la edad, el tamaño, pero todos nativos americanos o africanos.

A las seis, la traca final. Por cierto, fliparon con unos fuegos de muy poco arteficcio. A España en fiestas, es difícil ganarla comente para explicar mi poco entusiasmo. Estaba con la traca, que fue una marea impensable de motos y taxis compitiendo por un trozo de asfalto y algún cliente. Era espectacular el ruido, costaba respirar, todo era humo y barullo de vehículos, ruidos, gritos, carreras, motores, pitidos y silbidos, así amanecidos.

Al día siguiente repetimos con menos gente y estuvo mejor. Y no tengo que decir que yo regrese a casa en moto. Elegí a mi motorista con cautela y me encomendé a su pericia. Cuarentón, regordete, todo de cuero negro, con unas katiuskas a juego y sin un dedo pulgar. Sígueme y mientras iba a coger la moto, me extrañe por su distancia y me pregunte: ¿joder, no me habré confundido de profesión? Me llevo como los ángeles, casi me duermo en su hombro. Como decía aquel que le caracterizo su buena voz, aparte de ser ciego y negro, si ves poco no conduzcas.

La vuelta en bus, me planté. Las estaciones están valladas y tomadas por la policía para evitar problemas de lucha de clases. Vi como un policía despedía con una poco amable y muy fuerte palmada en la espalda a un nadie que intento merodear por allí.

El autobús es cómodo, seguro y barato, da gusto viajar en el. El paisaje espectacular también tiene montañas Brasil. La vegetación amenaza con expandirse por doquier, siempre te sorprende algo.

Antes de partir, pasamos por barrios comunes. Es decir están las conocidas favelas; luego los barrios sin asfaltar, sin nada más que casas precarias e iglesias igual de precarias pero con mármol en la fachada, por donde pasa el bus, esquivando niños mal vestidos, perros cojos y ancianos entregados, estos deben ser los más comunes; luego barrios urbanos con casas con todos servicios, más escasos y luego los barrios de ricos y megaricos. A groso modo creo que puede ser una imagen pseudo-real. Siempre mucho color, muchísma música y religión, frases de todo tipo escritas con caligrafía de Rafa, la mejor: Café Aurora, gustoso a toda hora.

Ayer conocí un barrio de esos comunes en Joao Pessoa, esos donde los niños te hacen corro y te miran como algo pintoresco y donde siempre me acuerdo de Avelino el de las golsinas. Nunca se que hacer, si cuento algo me siento un embaucador, un encantador, así intento no decir nada y sonreír como un bobo, intentando desviar la atención preguntando algo a alguno para que hablen ellos de ellos. Esos barrios donde parece que estas en otro mundo, donde ves otra cultura, otras relaciones. Donde piensas que quizás es mejor que sea todo así, para poder escapar de la unificación mercantil que construye guetos uniformes por todo el mundo.

Fui invitado por un equipo de fútbol, vi un programa del gobierno para socializar a crianzas de estos barrios. Unos sesenta niños y niñas de todas las edades entrenando con seis balones, tres entrenadores y botellas por conos. Uniformados con una camisa del próximo mundial y disfrutando como enanos de una de las pocas cosas que reciben.

El equipo tiene a unos privilegiados profesionales que cobran 500 reales, menos de 200 euros, pero que casi doblan el salario mínimo profesional, al cual no alcanzan la mayoría de los brasileiros, creo que un 60%, más no estoy seguro.

Entrenan horrible, sin mucha organización, con poca eficiencia, pero mucha libertad. Juega bien. Me invitaron a comer y vi a un futuro futbolista de nombre Tulio. Por cierto, estoy en la tierra de Mazinho.

Por la tarde, fue a una muestra de feria de japonés en Brasil. Una mierda como la mayoría de las ferias en todo el mundo. El colmo un japonés con kimono de kárate tocando la viola. Estos nipones…

P1010104.JPGEstuve en una playa remota, vi futbol brasileiro y la uni es la leche, ya os cuento, un abraço.

Por cierto, a mí también me gusta leer, so vagos.

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