Durante ocho meses solo fui dos veces al Friseur

Entre platos anda el juego. Me habían recomendado una peluquera italiana de nombre Rafaella. Fui no estaba abierto aún, vi que cobraban 25 euros por el corte. Calcule que para entresacar y cortar las puntas me resultaba algo caro. Así que me aventuré por mi barrio en la búsqueda de otra peluquería. Acabé en una de turcos, 12 euros. Nueve y media de la mañana, cuatro dentro y yo entrado a la vez que un mensajero. Me miran sorprendidos digo lo que quiero y me dicen que espere en la tradicional silla con revista de las peluquerías. Espero, uno de ellos es enorme con brazos tatuados (en tirantes obviamente, debajo de la cazadora) no deja de mirarse en el espejo, mientras se quita con indiferencia pelos del cuello. Están, además, el que supongo el peluquero, pequeño y cara de malo, y otros dos que parecen aprendices. Estos no hablan no pierden de vista nada y están atentos a todo lo que pueda necesitar el hombre que controla las tijeras. De todo le hacen, le dan los paquetes para que los abra, recogen las cosas, la basura, le llevan los teléfonos (que no paran de sonar) y salen a hacer varios recados. Yo ya llevo sentado unos 10 minutos y nadie me dice nada. Ahora están todos mirando las tijeras nuevas que trajo el mensajero. Empiezo a considerar la posibilidad de irme, pero me entretengo ensayando mi discurso para intentar que entiendan como quiero el pelo.

Al fin se dirigen a mí, me guardan mis cosas, las entregué con cierto recelo, si hubiese tenido algún arma no la hubiese entregado. Comienzan a lavarme y resulta que el peluquero habla español. Es albano-kosovar y aprendió español en dos meses en Frankfurt. No lo hablaba mal, aunque sin fluidez. Desde ese momento paso a ser uno de ellos. Según él gente cálida, abierta, amable con el resto y que siempre invita a la gente,…así somos todos los mediterráneos…Me da lecciones de Alemán, y me corta el pelo. Me pregunta de España, se va el cachas dando besos y saludando a alguien que vino a buscarlo. A los aprendices no les dice nada. Viene gente, preguntan o saludan, dejan recados en el móvil,…mucho ajetreo. Viene otro friseur prueba las nuevas tijeras y ambos alaban la cantidad de pelo que tengo. Discuten un poco porque el recién llegado no le quiere cortar el pelo al otro. Y se confirma el cierto tufillo que recibí nada más llegar. A parte del típico estilo mafioso que tantos les gusta: visten todos de punta en blanco, hacen juegos con las tijeras tipo el lejano oeste. Se confiesa mi peluquero: yo aprendí el español con un colombiano maricón que tiene aquí una peluquería. A partir de ese momento identifico más roces de los habituales. Que sugestión. Y entiendo porque aprendió tan rápido el español. Acaba su trabajo y se despide muy amablemente.

El pelo bien gracias, me lo dejo de cine, la verdad. No sé si tendré que volver algún día.

6 de febrero miércoles, consulado de España. El plazo para inscribiré en el censo electoral del consulado acaba el día 9. Realizo todos los trámites con la típica funcionaria de culo gordo, gesto aburrido y aspecto gris de Valladolid, y antes de despedirme pregunto: “¿entonces recibiré las papeletas en mi domicilio y vengo aquí a votar, verdad?

– Supongo- me dice. ¿Perdón?,- insisto con cara de temerme lo peor.

Si, es que ya no es cosa nuestra- dice con cara pétrea.

¿El qué? – continuo empezando a notar que me hierve el orgullo patrio en todos los cascabeles.

Si, deberías recibirlo pero nunca se sabe, nosotros ya hemos cumplido ahora mandamos el fax. Y esperemos que les dé tiempo a enviártelo-dice con normalidad.

El plazo acaba dentro de tres días,¿ verdad?, que problema va a haber- digo esperanzado.

Nunca se sabe, ahora con esto de las elecciones tienen mucho trabajo- dice con pasmosa normalidad.

De eso se trata, de que trabajen para que todos podamos votar- digo esperando un poco de lucidez.

Ya, ya hombre me dice- un poco nerviosa ya. Si no habrá ningún probema, ya verás.

¿y si no llegan? ¿Qué tengo que hacer para votar?.

Pues no sé, porque si no te llega la carta…pero bueno te llegará- dice esperanzada de que vaya ya a tomar por ahí algo.

Muy bien, buenos días, muy amable- mascullo mientras clamo al cielo por como administramos el país en el que habitamos…

Quizás si les aviso de mis intenciones de elevar al más alto honor patrio al santo varón gallego tenga más opciones…

Frankfurt, mi casa. Nota en el portal de que viene hacer la inspección semestral de las calderas de gas. Se me olvida. Nota en mi puerta de que llame a un número mañana sin falta para hacerlo.

Día de mañana, primera tarea: llamar a la compañía del gas.

7.00 de la mañana me despierto, ¿el despertador? No el timbre de la puerta. No puede ser. De nuevo otra vez, abro y espero… (No funciona el micrófono) oigo pasos fuertes, continuos y decididos. ¿Quién cojones será? La policía a notificarme algo, dios me ha descubierto la Stassi, y mientras comienzo a quemar todo aquello sospecho aparece el hombre de gas y me explica que vino para ahorrarme la llamada…Eficacia Germánica.

Frankfurt es mundial, y eso me gusta mucho. Yo de Bárcena, desde ayer por la mañana he tenido contacto con una persona de Eslovaquia, por la tarde otra de Turquía y hoy a otra de Bavaria, lo cual es mucho más normal. Además de gentes de España, Colombia y Perú. Así que aquí ando dando la vuelta al mundo…

He vuelto a entrenar, a unos gigantes de cuatro y cinco años, soy feliz entrenando, tengo que retomarlo. Además, he comenzado un curso de cocina…

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