Amerizaje en Amsterdam

Fui este fin de semana a Amsterdam (hace un mes). Lo hice con tres argentinos ( un marido, una esposa y otra chica que siempre les acompaña en sus fotos) y Cristian, un alemán que aprendió español, en Guatemala y lo habla mejor que ellos. Llegamos, tarde y mal, porque nadie miro la ruta y dimos un rodeo por toda Holanda. Hicimos una ruta con temática UEFA, Rotterdam, Eindhoven, Dortmun, Düsseldorf, Amsterdam y como no Mönchengladbach.

Gusta Amsterdam, nada más llegar te fascina. Sus calles irregulares, con los canales, producen un efecto original. Las casa verticales, el inevitable trasiego de personas de todo el mundo…

Bueno, llegamos a la ciudad de noche y como no al rato estábamos en pleno barrio rojo. Que no se llama así, sino la zona de la luz roja, traducción literal. El barrio es precioso, está en el centro de la ciudad, y a pesar de ser muy turístico, gusta verlo. Es digno de estudio. Putas de todo el mundo exhibidas y exhibiéndose, borregos en pandilla, babosos en manada, turistas como en un parte temático, muchos curiosos, algún cliente y muchísimos negros llenos de droga. Cocaine is mein buisnes friend, me decía uno a la vez que abría unas fosas nasales como un volcán haciendo el ruido de aspirar. Me aparté, pues temía que acabara aspirándome a mí. No le valen las rayas, vaya cavidades.

Respecto a las putas, de todo. Desde muy buenas a penosas pasando por un travestí madrileño que se quejaba en inglés castizo de que unos tíos le tapaban el escaparate y no podía trabajar. EGHHHHgG BoyGS, SoRGRRYY, I am WORKING, GOING another place…De cuadro. Lo más penoso es el comportamiento de los machos. La testosterona anula cualquier actividad cerebral, estoy seguro. O mejor, he comprobado en propias carnes lo que producen las ajenas. Es dantesco ver como se ríen, se jactan los hombres en manadas, regatean, y babosean ante el género accesible y abundante femenino. Yo no voy a decir que no me gustasen, todavía recuerdo a dos. Pero, los macho sueltos y amparados en la masa, me dieron miedo. No necesitaban nada, ni lenguaje, ni cultura, ni civilización. Lo triste que he sentido esta misma sensación en otras vistas, hinchas de fútbol, botellones masivos o alguna manifestación rajoniana. Acabo con el barrio, que nos recibió y fue lo último que visitamos. Lo mejor es encontrarse a la hermana de tu abuelo, en pleno barrio rojo, a la que hacía más de un año que no veías. Este mundo es un pañuelo, y con Ryanair, más pequeño aún.

Empiezo por lo mejor, sin lugar a duda las holandesas. Impresionantes, muy guapas y elegantes, el próximo viaje será otro cantar. Aún recuerdo a una ciclista, que nos rozo como una exhalación pero me marcó como un mercancías.

Sigo con lo peor, la masa turismil. Plaga que se extiende por el centro de la ciudad. Con sus funestas consecuencias, hoteles sucios y caros, cervezas carísimas, bares incómodos y repletos. Comidas internacionales y estándar, taxistas emigrantes conduciendo como locos, camellos negros emigrados para vivir de las migajas, ruido, jaleo, suciedad. Puro turismo, y del tosco.

A pesar de todo, la ciudad rezuma estilo y un ambiente especial. Las largas casas, las casas flotantes, las escaleras imposibles de las casas. Los canales, los barcos de todo tipo, olor a mar. Las irregulares, estrechas y encantadoras calles. Los rincones imposibles é incómodos. Además, te salen de las calles de las guías, y rezuma tranquilidad por todos los costados. Me gusto.

Mucha gente joven, ansiosa de humo, llena de vapores, como no ingleses por todas las esquinas, en su estado natural, es decir ebrios y borrachos. Y compatriotas, tocando las bocinas (eufemismo) y andando en bici flipando y destrozando toda armonía posible. Ejemplos (todos ellos en gritos): “eh y estos porque solo tienen un freno”, “oye tira pal centro y tomamos unas cervecillas”, “yo con tanta gente no ando en bici” “que se paren ellos, no te jode”… Será la herencia de la prepotencia imperial, Dios salve a la reina y al rey para que mande callar a peligrosos revolucionarios.

Disfrute en Ámsterdam, me dejo con ganas de más. Será porque no hicimos nada de lo típico: ni fumamos, ni me emborraché, ni andamos en bici, ni follamos. Por sus trenes de mercancías, o por sus múltiples estímulos. No creo que fue porque a pesar de todo, tiene estilo. No hay Marina Dor en los canales.

Acabo destacando diferencias. Holanda me recordó a España, será por Flandes. No había salchichas, ni cerveza, ni alcohol, ni tabaco en las gasolineras. Las carreteras estaban iluminadas (despilfarro decía mi amigo Cristian), y el agua es sin gas. Por cierto, el país es recto, plano y bajo como una bandeja. No entiendo porque se resistió tanto a nuestros tercio, bueno si, por condeduques, inquisiciones, corrupción y especulación…

Mención especial merecen las bicis hay muchas, pero no millares, más aún, impresionantes. Además, únicas manillar largo e inclinado y ruedas grandes. Quiero uno y la quiero con el carro de madera delantero para llevar niños, son preciosas. O perros de 60 kgs…

Próxima parada, el norte de Alemania, Hamburgo y Berlín. O una escapada a París, VErdún o Estrasburgo. Espero hacerlo en tan buen compañía como este, me gustan los argentinos, tengo ganas de conocer su país. Ya os contaré.

Os acordaís al reportero explorador de los Fragel Rock, ¿Cómo se llamaba? Me siento como el. Besos y abrazos, Machts gut.

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