Amigos

Que doloroso es el momento en el que la vida te distancia de tus amigos, de los de verdad. Esos con los que creciste y saliste de casa. Esos que siempre están ahí, que nunca te abandonan, que siempre puedes contar con ellos. Pero que de repente dejas de verlos y compartir la vida con ellos pues la deriva de cada uno nos separa cotidiana e irremediablemente.

Alguien dijo una vez que un amigo es aquella persona que cuando te reencuentras con el, después de no verlo en un tiempo, te sientes tan cómodo y a gusto como si lo vieses todos los días. Da igual el tiempo pasado o las vivencias acaecidas. La amistad sigue vigente, el pacto de compresión, afecto y apoyo mutuo sigue intacto.

Yo he sido siempre consciente de ello por lo que me he esforzado por tenerlos y cuidarlos. Es una de las cosas de las que puedo estar orgulloso en esta vida. El de tener un buen puñado de muy buenos amigos. Y el considerarme amigo de ellos. No todo el mundo lo disfruta, ni lo conoce. Una vez me confesó una gran persona y mejor amigo que el jamás había tenido unos amigos como los míos, los de Barcena.

Son tan buenos porque sufren y disfrutan contigo. Te aceptan tal y como eres, son sinceros y justos. Y sobretodo lo dan todo por ti, confían ciegamente en ti. Son las únicas personas a las que puedes pedir aquellas cosas que tu mismo no harías por otro sin dudarlo. Son parte de ti, sangre de tu sangre, como tu familia.

Que sabio quien dijo que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Y además de brillantes pues los buenos lo son para toda la vida.

Pero la vida es dura, y poco a poco nos separa, por rutina, por derivas, simplemente por que cada cual sigue su camino. Dejamos de compartirle aunque, los buenos de verdad siempre tenemos atajos que nos acercan o dejamos bien claro donde podemos encontrarnos.

Me cuesta aceptar la distancia entre nosotros pero es vano cualquier intento de obviarla. No hablo de deterioro de la relación pues, como señale anteriormente las amistades reales son para siempre. Hablo de no compartir: los días, los horarios, los minutos, los recreos, las ideas, las risas, los lloros, los abrazos, las dudas, las noches, las peleas, los deportes, las charlas, nuestros valores, la elegancia, la ilusión, el dinero, las canciones, las películas, los libros,…En definitiva cada cual al final, compartimos nuestros días con personas que son más extrañas y lejanas que nuestros amigos pero que tienen más presencia en nuestra vida, que cada cual señale a quien quiera.

El día que me muera tener bien seguro que uno de mis últimos alientos y pensamientos será para vosotros. Amigos con los crecí, madure y conocí, con los que aprendí que el único bien de este mundo valioso son las personas, elegantes y validas para contar con ellas cuando se necesiten para todo. Eso me habéis demostrado y eso os he ofrecido y ofreceré, vuestro para siempre.

Zalo Silió

Madrid 10 junio 05

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