Piolas comidas porteñas

28 08 2011

Bifé de Chorizo, empanadas de cebolla con queso, lomo, lomitos, matahambre, pizza fugazzeta, dulce de leche, tortas, tartas, choclo, facturas, costillas, mediaslunas, alfajores, humita, arrope, migas, milanesas y surprise. Buenos Aires es un festín, manjares con personalidad criolla y manufacturas artesanales.  Si comer es un placer, Buenos aires es la Sodoma de la gastronomía. No basta, Sodoma no basta, grande Buenos Aires, Gomorra también pues.

Comencé con unas mediaslunas y mate cocido con leche, siempre me gustó probar y tengo que reconocer que la calidad de la repostería argentina me encantó: facturas, tortas, havanets, galletitas de limón, me parecieron siempre “riquitísimos” y muy artesanales. En especial, recomiendo cerca de mi hotel: Panadería, Confitería y Rotisería La Orquídea en Rodríguez Peña, 474. Quizás no sea la mejor, ni la más bonita, ni antigua, pero sus dependientes son de toda la vida. Despachan con amabilidad, sin sonrisas forzadas, ni falsas modestias, y todos sus productos son una tentación que se convirtieron en mi primer destino por la mañana y mi última parada por la tarde.

Ya sabéis que una buena comida cuando más se  saborea es en buena compañía, y que con buenas charlas no solo se digiere mejor, sino se crece. Yo comencé en Montserrat, avenida de Mayo sobre el 1156, con una milanesa de cine y un puré de puro teatro. Buenos Aires, pura comida y arte, el local es un homenaje al mundo de la escena. Más sobrio y moderno, un poco más arriba y otro día, en Rivadavia con La plata disfruté de sabrosas costillas que me hicieron ya dudar. Soy del norte, de buena carne, pero aquí la deben cortar los ángeles. Suma y sigue.

Mala experiencia en Pippo´s, 69 años de tradición porteña en Montevideo con Corrientes. El número y la tradición fueron buenos augurios. Contradictorio resultado. No recuerdo un local donde me tratasen peor. Por no hacer, no me hicieron nada, fui inexistente durante toda la cena. De forma anodina me sirvieron, me cocinaron y me cobraron. Ahora, si la carne, aunque buena, se me atragantó por el servicio, el dulce de leche fue supremo y con cada cucharada me olvidaba más de los tristes y grises camareros. En toda mi estancia, el dulce de leche fue tan común como el cachopo cuando estuve en Asturias. Pero aunque ya lo conoces, no dejas nunca de querer probarlo y no pierdes oportunidad de deleitarte con su sabor en tus labios. Son sabores que son especiales porque los haces tuyos, y no serán los mejores, ni más intensos que otros, ni más novedosos, son simplemente los que tú quieres, los que esperas, por eso son especiales.

Carne buena la qué disfrute en la Boca, esquina del estadio junto a las vías del tren. No me gusta sentirme mosca, y a riesgo de arañas abandone rápido y decidido caminito, buscando un lugar real donde comer. Esta vez lo encontré. El local es un homenaje al equipo y el camarero un homenaje al cliente. No es ni guapo, ni educado, no parece especialmente pulcro, ni limpio, pero te trata con la cercanía justa que te hace sentirte casi como en casa, o al menos como una visita deseada. Tuve el gusto de comer mientras compraban, partían, asaban y cobraban la misma carne que yo estaba comiendo. Un gusto, che.

 

Por exigencias del guión comí varios días a la carrera. Buenos Aires es grande, y yo solo tengo una vida. Me gusta comer, pero más levantarme y andar. Eso es vida, ¿verdad Lázaro? Todo un mundo para ver, viejo. Así que algún día, lo confieso, comí sobre la marcha. Y la verdad me fue rebien, gordo. Comí cosas piolas en el mercado tempranero de Balcarce, ricas migas, facturas y tartas en el final de Santa fe, también en Pueyrredón y Córdoba, y a pesar de tanto andar me quedó Tira la vaca en Puerto Madero que pospuse por occidental. En cambio, me llevaron al Querandi en Perú, San Telmo donde  no solo se siente la historia de Buenos Aires, sino se come tan bien que la comida es lo de menos. Pura historia del Tango, baile para sentir, ver y oír. Hubiese gustado caer por algún gallego, español o asturiano porteño. Pero, ¿viste gordito? Buenos Aires tiene casi tantos platos como calles. No se puede comer todo lo que se ve.

Antes de despedirme, me recomendaron una mítica pizzería: El Cuartito en  Talcahuano 937, Recoleta ya. Sabor, historia y deporte, local clásico donde la pizza reniega de su condición de comida rápida, tanto por su calidad como por lo que tardan en atenderte. Merece la pena.

Bifé de Chorizo, empanadas, lomo, lomitos, matahambre, pizza fugazzeta, dulce de leche, tortas, tartas, choclo, facturas, costillas, mediaslunas, alfajores, humita, arrope, migas, milanesas y surprise. Buenos Aires bien merece un festín.





Este país viaja en combi.

22 08 2011

Cerrito con Viamonte, teatro Colón, vereda del nueve de julio. Aquí se toman las combis para el conourbano. No hay cola, ni conductor, pregunto y muy amables me orientan en todo. Tanto que no me quieren explicar más y me dicen que ellas se encargan. Bonarense a bonarense se llena la combi. Combi germana, limpia, nueva y cuidada. Sube el conductor vivo reflejo de su auto, muy educado y atento. Le ponen al tanto, llevamos a un gallego perdido que nunca montó en combi en este país (en Perú, fue horrible) que quiere bajarse en el Coto de Temperley. Impresionado me deja la amabilidad con la que me tratan, también lo amables que son con el conductor y él con ellos. De repente un coche se cruza y nos molesta, pues se saltó un semáforo. Nada extraño en esta jauría sin carriles, ni intermitentes. Y el conductor se transforma en un ser listo para la brega. No importan los hechos sino como los interpretamos. Hacia minutos él mismo se había saltado dos, sin cruzarse a nadie, si, pero semáforos al fin y al cabo. Así somos, muy relativos.

La combi germana funciona como un reloj, no es barata, pero si eficaz y segura. Las personas amables y cercanas, diferentes mismo, pero cercanas. Me pregunto: ¿Podría ser una metáfora de este país? Un país rico y con recursos, varios y abundantes, espacioso y seguro. Si podría ser, pero no han querido.

Las combis surgen principalmente del desmoronamiento del servicio que daba el tren público. Que Menem convirtió en carencia, privada, eso si. Poco sé de este país, pero creo que Menen fue el gran cáncer. Cuando pudo realizar un gran proyecto de país, organizó un mercadillo y lo vendió en lotes de pingues beneficios. ¿Para el país? No mujer, no, para él, los suyos y los de afuera. Y ahí sigue, velando por la democracia como senador. Curiosas democracias padecemos.

Este país no entra en una combi, se quedan fuera quienes no quieren y quienes no pueden. Los unos, que son muy pocos y cada vez menos, viven al margen en su burbuja donde viajar por tierra y en colectivo es ordinario y un engorro. Los otros, que son muchos y cada vez más, no van en combi. Porque por no tener, no tienen ni a donde ir. Y así con muchos fuera de onda, este país sigue adelante. Y cuanto más distancia haya entre los que se quedan fuera, más difícil será vivir para los que están dentro. Los de arriba tendrán más, pero vivirán peor y los de abajo seguirán mal, que peor no se puede, pero se quejaran más.

Y así poco a poco todo seguirá dando vueltas. Coto de Temperly ¿Alguien quiere bajarse?





De postre una de provincias, hasta pronto Argentina.

22 08 2011

Si el menú de este viaje en Buenos Aires fue exquisito, el postre fue dulce de leche. Despedí Argentina desde la provincia, allá donde no llegan los porteños. En Temperly, disfruté de vivir en familia con argentinos. Argentinos hijos de inmigrantes, que siguen en los remos desde donde tuvieron que reinventarse dos veces, que gustan de bailar en boliches y que al segundo de sentirte cercano “dejás” de ser Gonzalo y pasas a ser “Gonci” o “Gonza” para los más comedidos. También, así me llamaron en CLAYSS y SES, y así me sentí.

Cambió el lugar, se acabó la capital sin dar ningún descanso, desde Avellaneda a Temperly, sin interrupción se derrama la capital por los anillos conourbanos. Cada vez menos porteños, menos cajetillas, menos compadritos. Siguen los deliverys, y entramos en el reino de las combos y remix. Respuestas populares al derrumbe del estado que permiten a las personas seguir laburando, dejoda, dequeseyo y porahís, remando al fin y al cabo.

Las personas cambian, también las caras, los colores, ritmos y aspectos. “¿Son todos argentinos?” pregunté extrañado. Entendí porque Tévez es el indio y que no está solo. Argentina no es Buenos Aires, La Matanza es el clamor del país, a quien vota La Matanza, le eligen presidente. Buenos Aires está llena de argentinos que se mezclan con porteños y bonaerenses. El BSCH publicita en Ezeiza que diariamente más de doscientas mil personas en el mundo abandonan sus pueblos para vivir en ciudades. Ellos dicen abrir un mundo de posibilidades. Yo he visto a miles de esos cientos consumir sus vidas en villas, favelas, parques y semáforos. Si, con la ayuda de BSCH, of course. Víctimas, que no culpables.

Me gusta la diversidad de actividades que hacen los pibes acá después de la escuela. Desde mil y un tipos de baile, no solo Tango y folklore, a varias modalidades deportivas. Quien lo puede pagar claro, el resto tiene fútbol. Me gustan las escuelas públicas que manifiestan su orgullo en sus paredes. Me gustan los nombres laicos de las escuelas. Gusté de oír como me contaron aquellos que apostaron por formarse durante el corralito, salieron adelante gracias a lo que estudiaron. Me gusta creer, y más sentir, que la educación hace de nosotros un mejor mundo. Por eso, me sorprende que Buenos Aires no sea una arcadia, pues está llena de librerías que presumen de Borges, principitos, Mafaldas, Machado, Sábato, Benedetti, Freire,….¿Se pueden leer estos libros y no ser mejor persona? Ya sé, Alberto, ya sé, los imponderables condicionan nuestros actos. Obvio, Karl, lo que hacemos precede a lo que pensamos.

Me invitaron a un boliche, provincia pura buscando joda, más ritmo que color. Mil y una tribus unidas por un credo: el baile.Todos argentinos, cada uno de una casa. Sufrí de nuevo una megáfonía digna de Videla, mucha bachata, poca samba y nada de tango. No me gustan como bailan aquí, lo hacen bien, o muy bien incluso. Pero los que bailan, bailan para fuera, son bailes centrípetos que buscan que les mires. Gestos raros, posturas forzadas insinuaciones varias. Cuyo único objetivo es atraer miradas. A mi me encandila el baile cuando quien lo baila se funde en el movimiento. Eso es puro Tango. Pero, vivimos en mundos panógticos, y nada vale si los otros no te miran. Captadores de seguidores somos, my friend. Se acabo el baile en pareja.
Me gustó saber de Lecop y Patacones, ¿Podrías imaginar que de un día para otro tu dinero no vale nada? ¿ Qué se inventan monedas que no valen en el barrio de al lado? El viejo Henry lo dijo hace mucho, si la gente supiera como funciona el sistema….¿Educamos para saber?

Me sorprende esta Argentina, donde me parece hay pocos espejos y menos modistos. Si claro, la excepción la tienda Oliva en Callao 800. Aunque quizás me equivoque y resulta que el invierno no cae bien por estas latitudes. No lloraré por ti, pero te volveré a pasar por el corazón siempre que piense que vivimos en un mundo lleno de gente buena.





De dar y recibir, gentes porteñas, ¿Viste, viejo?

19 08 2011

Intenso Buenos Aires de genios como Borges. Quién no ha dado todo, no ha dado nada, dijo uno de sus personajes. Yo no soy hombre de grises, pero a veces flaqueo. Ya sé Borges, que la limosna no es solución. Pero, hay veces donde no hay elección.
En mi segunda noche, fui al teatro, y como manda la ciudad hice cola. Me sentía ya muy porteño, haciendo fila y además para el teatro: la revista de Buenos Aires para mayor deleite. Vuelta a vuelta fue ella pasando por todos y cada uno de los que formamos la cola. Insistía persuasiva con sonrisa pero gesto duro. Iba sucia, mal sentada en su silla y portaba todos los estragos del alcohol encima. Me sentí incomodo porque ella se deleitaba en el trámite sabedora que cada segundo que pasa se hace más probable el conseguir botín. La noche iba mal y la cola también, nadie le dio nada. Mis dedos acariciaban los primeros pesos que conocí. Mi antecesor, curtido y previsor, no la dejó hablar, la dio y ella agradecida continuo. Era mi turno, su silla rozaba mis pies. Parecía nueva, en cambio ella no, a pesar de ser joven. Aprendo rápido y con un movimiento ágil la di algunos pesos. Pero, me traicionó la mirada, siempre la mirada.

Me preguntó, no quería que también me traicionase mi acento, pero no había salida señor Borges.

- ¿Perdón?- dije temiendo una situación de esas en la que siempre sales mal parado.
- ¿Qué si me deja escribirle algo en su cuaderno tan bonito?-
- Claro que sí-afirmé desahogado, mientras le tendía el cuaderno y boli bajo la mirada de toda la cola. Se tomó su tiempo y garabateo toda un página. Me lo devolvió y le di las gracias por tan bonita dedicatoria. Sin importarle mi aprobación continuo rodando en busca de fortuna. Intrigados me miraban todos, yo solo le enseñe a mi antecesor. Quién me confeso que tampoco entendía el idioma en que estaba escrito. El resto de la cola imaginaba que me habría escrito, yo recién lo entendí.

Otra noche cruzaba por el obelisco, la avenida más ancha del mundo. Paré en el semáforo, había dos niñas haciendo malabares entre los coches. Eran casi las once de la noche. Niñas, hijas de los imponderables, de tez oscura, más aún donde la mugre se acumula, de cabellos vírgenes de cepillos y siempre medio vestidas. Semáforo en rojo, dejan los aperos de pobreza y una viene a pedirnos, a nosotros los estáticos peatones. Hace tiempo tengo el billete en la mano, es la mayor de las dos, no más de siete años, viene descalza y con una herida en la pierna. Cojo otro billete, nadie la mira, nadie la oye, nadie la reconoce, nadie la siente. Soy el último, la miro, la doy y sonrío reconfortado por su cara de sorpresa. Me da las gracias y contenta huye hacia su hermana, imagino. Me miran de soslayo mis vecinos de semáforo. Yo me quedo mirándolas, preguntándome que pueden hacer con las pocas cartas que las han dado para esta vida. Cuando otra vez la mirada me traiciona.

Rápidamente la pequeña, calzada, pero peor vestida y más sucia, si es posible, viene hacia mi y me pide más dinero. Con suficiencia me miran el resto de peatones, te está bien por listo, se ven que piensan. La incomodidad me embarga, ella insiste ilusionada desde sus pocos centímetros, escasos kilos y pocos años. La mayor nos mira desde unos cinco metros, me agacho y la digo que lo siento que no la voy a dar más, y cuando voy a explicarla el porqué, interviene su hermana mayor:
- Silvana, déjale, que ya no tiene más dinero- dice con la autoridad de quien es responsable de otras personas desde hace tiempo. No tendrá más de siete años….por eso mi hija, por eso decidí que te llamases Silvana. Por todas las silvanas del mundo que nacen con poca cartas o ninguna para jugar, pero también por esas otras niñas que nunca lo han sido porque han sido hermanas ante la adversidad.

¿Oscar?, tu madre te explicará mejor porque tu hermano se llama Oscar.

Iba con Charo rumbo a disfrutar de un poco de naturaleza porteña, cuando volví a verle. Avisé a Charo y le costó identificarlo. Es normal, pues él es pura ciudad, ciudad de plástico, de basura, de indiferencia y desarraigo. Ciudad al fin y al cabo. Único porteño que identifiqué por dos veces, en la misma zona Santa Fe cerca del botánico, pura Recoleta. Descalzo, con túnica de basura, oscura y larga barba, amo de una mirada limpia y profunda que denota que vive más que espera. Podría aventurar que podría carecer hasta de nombre, podría asegurar que no pedía, ni imploraba, simplemente se proveía de aquello que encontraba. Podría deciros que parecía no molestarle la muchedumbre, ni desconcentrarle el gentío, él estaba y vivía. Pero la verdad es que siento que no soy digno de analizarle, mucho menos de juzgarle. Dos veces le vi, y las dos sentí lo mismo, sentí que hacia digna su túnica de basura. Sentí que lejos de desecho, era mucho más humano que otros muchos. Ostras acertó decir Charo al verlo, lo mismo sentí yo al encontrarlo. Un espejo viviente para mirarnos y preguntar de dónde venimos y a dónde vamos. Causalidades de la vida, gracias Buenos Aires.
Si señor Borges, limosnas de tiempos y espacios a las que muchos se aferran por miedo a crecer, a conocer y a sentir.





Life is good, my friend

18 08 2011

Hoy fue un día de esos intensos que sabes van a tener repercusiones en tus futuros pasos. De esos, en que sin previo aviso, de manera caprichosa quizás, se apaga una de las luces que más iluminaban tu cielo. Afortunadamente, aprendí hace tiempo que en el cielo no somos planetas, sino astros, gracias mi pequeño príncipito, y que nuestro cielo brilla más no por las estrellas que en él haya, sino por lo que nosotros irradiemos hacia él.

Cuando estaba levantado acta al día, cenando solo en una terraza de la calle Uruguay, la vida se materializa para relativizar el universo. Finalizaba de cenar con prisa, preguntándome como es posible conocer a algunas personas mejor que lo que ellas se conocen. Y reprochándome no haberme escuchado más a mi mismo, aunque es difícil cuando la sirena nada y canta tan y como te gusta.
Pues, en esas andaba cuando llegaron ellos. Pareja, morenos y bajos. Él malcarado de entrada, ella elegante y discreta, se sientan a un lado y rápidamente, nervioso me pregunta en metálico español: -”¿Sirven acá en la terraza?”-
Les respondo que sí, y esperan al servicio. No sé en qué idioma hablan, lo hacen bajo. Les imagino árabes, por la actitud de él básicamente.Tardan lo habitual, en Buenos Aires, en servirles, además les toman dos veces nota. Él se irrita y me mira buscando complicidad. La recibe y se anima, -“ que malos son los mozos en este país”- dice con vehemencia buscando desahogo. Ella le mira para intentar que mantenga la compostura. Yo le tiro el lazo:
-” where are you from?- les digo imaginando su procedencia. Él me mira fijamente y lacónico repite mis palabras, interviene ella y me dice somos brasileños. Sorpresa. Y ahí aparece la vida en estado puro para recordarme cual es la luz que debo cuidar. No leves reflejos, sino pura luz.
El abracadabra fue: Estudié en Joao Pessoa yo.
Ellos son de allí, surgió la chispa, comenzamos a hablar y después de quejarse el amargamente del trato que reciben los brasileños de los argentinos, me invitaron a su mesa. Comenzamos a compartir y resultó que yo jugué, casi con toda seguridad, con el hermano de ella al basket. Pero, lo mejor es que siendo unos desconocidos como somos, de diferentes procedencias, culturas e idiomas en un país extranjero para ambos, a pesar de todo eso, conectamos. Yo les conté mi día, en el que iba parte de mi vida y ellos sus pasados y próximos planes en los que dibujan sus días.

Life is good, my friend. Varias chopos (pintas) después seguíamos compartiendo sentimientos verdaderos como si fuéramos amigos íntimos. Mucho decíamos, pero sobre todo mucho nos escuchábamos. Más ella, que de largo es la más inteligente. Pasión y acción compartimos él y yo, y ganas de ver y hacer mundo, los tres. La camarera no entendía nada me confesó. -” pero, no estabais juntos y sois de diferentes países”- me decía buscando explicación. Me acordé otra vez de vos, ¿viste,mi pequeño principito?. -” no mire con los ojos, señora, si quiere entender”- se me ocurrió como única explicación. Lentamente saboreando nuestras últimas palabras y primeros pasos nos fuimos despidiendo. Sabedores de que no será fácil que volvamos a coincidir, pero seguros de que si hay oportunidad la vamos a aprovechar. Las cosas que se marcan a fuego, no necesitan mucho tiempo para perdurar. Momentos de vida que raramente se apagan. Poca palabra, y mucha actitud.

Life is good, my friend. Lo importante no es lo que nos pasa sino como lo interpretamos. Pues, los imponderables a veces tienen estas cosas, en dos días donde dicen digo, dicen Diego. Eso si, sin perder ápice de sinceridad. Cosas del miedo imagino, es difícil mantener la mirada a la hoguera cuando siempre se vivió entre sombras. Hay cosas que nos marcan de por vida, pero es imposible y mala elección, cargar con las cosas que ya no suman. La mochila tiene cupo y las piernas te llevan más lejos y mejor si están ligeras. Dulces sueños pues. Y no olvido el consejo mi nuevo amigo brasileño, las estrellas fugaces si son de verdad, tarde o temprano, vuelven por su trazo. Si no solo eran lluvia de meteoritos, lo importante es que les dejes hueco, mi amigo. Ya sabe él que en buena mochila hay hueco siempre para las cosas importantes de la vida, que son cuatro, ¿Verdad, mi principito?.





De remís, country cerrados y otra yerbas mates.

16 08 2011

Comienzo la mañana pronto, más de lo normal, tomo un mate cocido que ya es rutina a pesar de ser el segundo que tomo en mi vida. También lo son las ricas y pesadas medias lunas. Miento en el hotel, me voy a Mar de Plata les digo. Cada vez me cuesta más mentir, me gustaría decirles que me voy a un hotel que está a dos cuadras y que por el mismo precio está limpio, luminoso, con toallas de este siglo, con wi-fi y con ventana en la habitación. No es ninguna maravilla me gustaría decirles, está desconchado, pero de los 10 hoteles que he visto el vuestro es el peor y no el más barato. En cambio, me desean buen viaje y mucha suerte. Ahora a la mudama que me recomendó que habitación escoger -”coge la 310 que al menos está pintada”- a ella no le engaño -”¿No le gustó la habitación?, es normal”- me dice con mirada cómplice. Diciéndome que no tengo ya edad para andar con mentiras me voy cargado cruzando Callado para llegar a Rodriguez Peña.
No soy el único con bultos, pero si el único sin mercancía. Llego al hotel me instalo y espero a mi remís. Esto es otra cosa, al menos limpio. Me llaman de recepción, mi conductor ha llegado. De traje gris, me abre puertas y me recibe servil y educado. Es una mezcla Georgie Dann y el Fary, es decir un Angel Cristo. Resuelto, ágil y apañado. Seguro de si mismo. Por cierto, al encargado del hotel no le caigo bien.

Hacia un día maravilloso, soleado y despejado, esto es invierno y no los veranos de Santander. Descubro Palermo, sus parques llenos de deportistas, el estadio de River, los largos predios, y limpias avenidas. Esto me recuerda a Joao Pessoa, a Fortaleza mejor dicho. Mientras le doy palique al “remisero” descubro algo que me incomoda de esta ciudad. Su publicidad. Es agresiva, omnipresente y cansina. Viva el mercantilismo, los carteles picudos sobresalen de los edificios, no hay espacios para más mensajes.
-”Aquí los seguros se pagan al mes”- me dice Georgie, capitalismo feroz pienso yo. -” seguro que ese Falcon no lo tiene, hay que tener cuidado”- dice mientras se aleja el conductor. El tránsito es muy latino, claxon, giros, acelerones y frenazos continuos, carriles solo para referencias y aunque parezca mentira todo fluye. Eso si, pocos coches no lucen zarpazos. Señal de como se conduce me dijo ayer Alberto. ¿Intermitentes? Aquí, molestan más que ayudan, son muy lentos.
Mientras el chofer me confiesa que vive solo, que no le gusta el fútbol. Pero tiene equipo, Independiente, aunque no lo dice para que no le jodan. Tampoco tiene tiempo, más que para trabajar y sus cosas, yo voy fijando en los carteles de publicidad.

Interrumpo la narración. Mientras escribía estaba oyendo las conversaciones del vecino de la 510. Habló con un socio y su cuñado. No presté más atención que a su acento cubano, diría. Pero, ahora acaba de recibir una visita femenina, profesional, creo yo por como ha llamado a la puerta y como ha sido recibida. Además, desde hace un rato solo hay silencio, que me impide discernir con que acento se desenvuelven. Bienvenidos a la vida real, continuo tecleando sabiendo que la realidad supera a la ficción y que en cada pared que me rodea hay varias historias para contar.

De repente, descubro un peine coqueto en el bolsillo del conductor y presencio como estornuda sin soltar las manos del volante nuestro amigo conductor. Lo hace varias veces, sin inmutarse, y sin limpiar el cristal. Parece que el traje le queda un poco más grande a cada estornudo. Continuo con los carteles, carretera a Olivos, pasando por Tecnópolis: Cada persona es un mundo; únete a la diversión; libere su potencial; sigamos creciendo, yo creo en vos; podes seguir pidiendo deseos o empezar a cumplirlos; siempre la verdad por arriba de todo. Políticos, bancos, telefónicas,…todos ellos se apuntan a la moda esta del pensamiento positivo. Que de vacuo, inofensivo y neutral no tiene nada. Pues, como oiría decir luego Alberto, en la reunión a la que me ha invitado, siempre son los imponderables quienes crean nuestro marco de acción. Y los potenciales, deseos y verdades de las personas suelen estar cercenados por las intenciones de políticos, bancos y empresas varias. Me pregunto dónde estará ahora la verdad de mi vecino, el del 510, ¿Arriba o abajo?.

Me recibe Alberto en su casa que es un fiel reflejo de él. Muestras de afecto de todos los confines pueblan su salón, el jamón bien visible, por supuesto. Aquí lo llaman crudo, al serrano. Se ven todas las Américas que lleva consigo Alberto, que en realidad es una sola. Una América que imagina justa y esperanzadora para la juventud. Una juventud que él anima y ayuda a crecer, a posicionarse para vivir no más, sino mejor. Y mejor no significa solo con más, sino más consciente, con esperanza y posibilidad de elección.
Aprendí mucho de él esta mañana. Como expuso los términos, como gestionó la confianza que le dan los empresarios,… pero sobre todo me quedo con como trata a quienes trabajan con él. Un botón, al llegar a su despacho, deja sus cosas y sale a saludar a todas y cada uno de las personas de su oficina. Y aquí se besan los compañeros de trabajo. Después, provistos de mate, comienzan a trabajar.
La anécdota del día. Un niño de la calle que pudo estudiar gracias al apoyo escolar sufragado por una empresa, acabo contratado en ella. Y no solo eso, sino que ahora lidera los sindicatos y reclama mejoras a la propia empresa que perpleja ve como también ha ayudado a crear un grupo de colaboración para financiar los gastos de una escuela del interior. Eso gentleman and ladies, eso es educar.

Acabo el día entregado al puente de la mujer, en Puerto Madero, mirando la luna, que ya me había avisado Carolina que desde Argentina se veía diferente. Me siento en casa.

P.S. Algo se cuece a unos centímetros de pared y no las tengo todas conmigo. Mañana más y mejor.





Paso,paso, contrapaso y cunita…

15 08 2011

De atrás a adelante, pasado el umbral del día siguiente, acabé la noche con un taxista taciturno que gastaba menos en palabras que yo en propinas. Venía yo calentito tras mi primera milonga, así que al final le encontré el tema: política. Olía a montonero y poco le faltó para despedirme con el himno.
Vibré con mis primeros pasos de tango, dos de inicio, tres corto, cuarto largo, cinco junto y seis de izquierda…desde fuera me parecía feo el tango de complejo. Desde dentro, me gustó más que ningún otro baile, se sintió cómoda mi arritmia. El lugar elegido fue espectacular, una milonga recuperada de un frigorífico de carne, decorada por singulares artistas y repleta de gente joven bienvenida y “bienhallada”. La catedral de nombre, Sarmiento la calle, mucho corazón en el ambiente. ¿Cuánto? Pues, al menos unos 3 metros por 2 de corazón surrealista que colgaba del techo…
La tarde comenzó con la invitación de Nieves a comer en compañía de Kayla, una de esas yankees que no son como las que salen en las películas: la gusta andar, Sudamérica también y huye de tópicos imperialistas. Nieves nos puso en 30 minutos al corriente de los avatares de Buenos Aires en los últimos 30 años: de los milicos al corralito pasando por Peronistas y montoneros. Un placer escucharla, un lujo conocerla, pues es nacida y crecida, bonarense con deje catalán y corazón internacional. Segunda carne argentina, ricas costillas.
Bajamos por Rivadeva, cruzamos hasta Callao y decidimos bajar a la avenida más ancha del mundo para desde allí explorar Recoleta.
París también está en Buenos Aires. Lujo, glamour, tiendas de marcas francesas, en fin, nada nuevo, mas aquí contrasta. Me da a mi que Vouiton se siente igual de cómodo en cualquier latitud. Aquí tiene un barrio a su medida. Centro cultural con interesantes fotos de todas y cada una de las razas y culturas de Buenos Aires y una interesante pintora Cecilia Duhan que presentaba sus pinturamas. Nos colamos en su inauguración un ratito y nos fuimos entre petulantes e insoportables levedades del ser, ser artista digo. A cementerio cerrado buenas son tortas, que aquí son dulces, merendando se nos acabó la tarde.
Un fogonazo, estábamos en la pastelería, apareció una sombra, borracho, despeinado, sin faz…golpeó el escaparate y preguntó la hora, a gritos, por gestos. Bastante le importaba, imagino que solo quería recordarnos que afuera hay frío, que el hambre no te lleva al mostrador, que da igual la hora para esos hombres, mujeres y niños, que pueblan las ciudades como esta, sin orientación y destino más allá que el que deparen los imponderables.

Madrugo, llueve, me avisa el conserje, le miro cómplice. ” yo soy de la tierra de las galernas”- le digo mientras salgo a la calle-” voy y vuelvo” añadí antes de enfrentarme a la lluvia. No llegué al final de la calle y regresé como atún del norte. ¿Bonito? No, calado. “Madre mía como cae aquí” reconocía mi expresión derrotista de vuelta, no fueron más de quince pasos.” Llueve,¿verdad?”-inquirió triunfal con acento bonarense el conserje. Taxi al MANBA, genial conductor. Curtido, más de 40 años de profesión, de palique rápido, de historias por contar, hablamos y me da consejos y recomendaciones. ” no es usted hombre parado, ¿Verdad?” – me pregunta- ” hace bien”-se responde- ” en esta vida hay que llamar para que puedan abrirte”- me aconseja.
10h de la mañana museo cerrado, no abre hasta las 12h y yo tengo una cita a las 13h a unas 50 cuadras de distancia. Tomo un mate cocido en un coffee del museo, hecho para gentes del mundo, de business, que les da igual donde estén, si la decoración es moderna y el servicio lleva uniforme. No quiero estar más aquí. Si,llueve, que más da. Me doy un lujo, subo andando por todo Palermo, parando entre chaparrón, aguacero y granizada. Un lujo esto de poder pararse hasta que pare la lluvia. No me importa el tiempo, vivo el momento. Soy feliz, paso el zoo, el jardín japonés, esquivando charcos, paseadores de perros ( llevan más de ocho cogiéndoles y dejándoles de portal en portal) y preguntando a los sorprendidos porteros. No es normal un español fotografiando bajo la lluvia por estas calles. Muy amables casi todos, con parientes en España.
“mi tía es portera en Toledo”- me dice uno-” vivo aquí yo, cualquier cosa ven a decirme, por favor”. De gratuita que fue su oferta, estoy seguro que fue totalmente sincero. Le di la mano y continué la ruta, buen día y buena suerte amigo. Es un gusto dar la mano con sinceridad a un desconocido.

Cambia la ciudad, el barrio pierde lustre y gana en vida y humanidad. Estoy cerca ya, no me he mojado mucho, dejé hace tiempo Cordoba atrás. Estoy cansado, voy justo de tiempo, no queda nada, no voy a coger taxi. De repente, amenaza el día con más lluvia, esta vez de verdad. Perdón, no es el día es la noche, algo extraño está ocurriendo, mi experiencia no alcanza a conocer… Desaparece el cielo, en 20 segundos pasa todo un día. Me quedo perplejo, siento desasosiego, ¿Es esto normal?. Es de noche a las…pregunto la hora…12.35 de la mañana. Me rindo, paro un taxi, busco refugio. El taxista no me da bola, si, si esto es normal, cuando llueve oscurece. “Pero no así, animal”- le digo. A él no le importa, su blackberry tiene luz para estos casos. Las pantallas separan de la realidad a algunos, sobre todo aquellos que no ven, ¿Verdad, mi principito?. Sigo yo a lo mío, de noche en el día, comienza a granizar cuando llego a CLAYSS. Se acabó esta mañana de alba y cenit.








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