De Aprender y Servir.

11 12 2011

En un colegio, no muy lejos de aquí, una profe buscaba un método para que sus alumnos aprendiesen a leer mejor. En ese mismo cole, otra profe de infantil anhelaba que a sus peques les contasen cuentos. Pero, cuentos de verdad, historias contadas cara a cara, piel a piel. En esas estaban, cuando un día compartieron sus penas y encontraron sus alegrías. ¿Quieres saber que hicieron? Pues, seguid leyendo perezosos.

Lo que hicieron fue unir sus problemas para encontrar su solución. Planearon que durante un día a la semana sus clases se juntasen para que los alumnos que tenían que aprender y practicar a leer, fuesen quiénes contasen cuentos a los peques. De esta manera las dos esperaban solucionar sus problemas. En el caso de la profe de infantil, es evidente que su problema se disipó. Pues, ahora iba a tener a toda una clase dispuesta a leer cuentos a sus peques. Pero, en cambio, ¿por qué la otra profe, la de los mayores, por qué ella pensaba que sus alumnos iban a leer mejor al leer para los peques?

¿Quieres saberlo? Pues, tendrás que leer toda la historia…

Convencidas e ilusionadas las profes organizaron todo. Asignaron a cada niñ@ mayor, otro pequeño  y les dijeron que tenían que preparar un cuento para leerles, pues ahora se habían convertido en sus tutores de cuentos. ¿ te imaginas? ¿Ser tutor de cuentos de alguien estando en 1º de Primaria?,… eso sí es responsabilidad.

Bien, pues durante todo un mes, durante dos horas semanales, los tutores de cuentos prepararon sus historias para leer. Uno de los ejercicios que hicieron fue leer en voz alta a sus compañeros y luego estos les decían que les había parecido. ¿Suena “diver”, verdad? Pues, lo es y además, muy enriquecedor. ¿Quieres saber por qué digo esto? Pues, lee, lee, no seas vaga.

Lo digo, porque en la clase de Primaria había un niño al que algún psicolisto le había comentado que sus problemas de lectura eran porque era hiperalgo. Este niño , llamémosle H, leía mal, porque le costaba concentrarse. Pero, un día fue capaz de hacer que todos sus compañeros le aplaudiesen después de leer para ellos. ¿ Quieres saber el porqué? Anda no pierdas tiempo, continúa.

Un día cualquiera, cuando solo quedaba una semana para ir a leer a los de infantil, la profe les preguntó a los tutores de cuentos que quién quería comenzar a leer en alto para hacer la prueba final. Y para sorpresa de todos, H fue el primero. Se levantó y dijo: “yo, yo leo”. Todos se miraron sorprendidos, y se prestaron a escucharle. H leyó, leyó como leía siempre ( no muy bien), pero esta vez de un tirón, leyó convencido y con voluntad. Casi no había acabado cuando toda la clase irrumpió en un colosal aplauso que hizo voltear las campanas del campanario próximo, pues estaban encantados de ver por primera vez a su compañero leer con voluntad propia y con la intención de dar lo mejor de sí.

Al finalizar la clase, la profe curiosa como pocas y atenta como todas, le preguntó a H:

-“H, ¿ Por qué has sido voluntario para leer hoy?- quiso saber la profe.

¿Quieres saber lo que respondió H?, ¡venga lee!.

-“ Porque, yo también quiero ir a leer a infantil y hacerlo bien”- respondió H con ese aire distraído que  tienen quienes saben que hay poco tiempo para concentrarse en todas las cosas que hay en el mundo.

No sé si te habrá gustado la historia, lo que si sé es que ya has leído mucho, y  que no puedes pararte. Porque ahora, yo voy a intentar a explicarte porque la profe sabía que su clase iba a leer mejor si sus alumnos leían para los de infantil.

Cuando hacemos cosas para los otros asumimos una responsabilidad, y nuestros aprendizajes pasan a ser obras, regalos, acciones, ayudas, o bienes que van ayudar a otros. Y a todos nos gusta que quién depende de nosotros se quede satisfecho. Por eso, ponemos más ahínco para aprender. Por eso, y porque al aprender de esta forma, ¿cómo nos sentimos? Nos sentimos útiles, porque podemos sentir que con nuestras acciones transformamos un poco la realidad. Y sentirse capaz de hacer algo así, es el primer paso para pensar en cambiar el mundo…hasta el infinito y más allá.

Esta forma de aprender no es ningún invento, es una nueva receta con viejos ingredientes: el aprender mediante la práctica y el realizar un servicio a la comunidad. Por eso, esta metodología se llama Aprendizaje-Servicio (ApS),  y consiste en unir a los aprendizajes formales, compromiso social. O en otras palabras, es una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado donde los participantes aprenden al trabajar en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo.

¿Tú para que vas a la escuela? ¿Para ser más sabio o para ser mejor persona? ¿Quién es mejor ciudadano uno que sabe mucho u otro que ayuda mucho?  ¿ Cuál es el fin último de la educación? Como casi todas las grandes preguntas de la vida, la respuesta la tenemos que encontrar cada uno…pero quizás con el ApS tengamos una oportunidad de sentir por donde debe ir el camino…

Colorín colorado, este cuento aún no acabado, porque mira lo que acaba de escribirme una amiga que fue y es muy buena estudiante a la par que maestra:

Pero, sea como sea, la punzada que siento en el corazón cuando todavía paso por allí me recuerda que solo si quieres ser útil, lo consigues. Y ser voluntario es el primer paso.

¿Te imaginas una metodología docente que aproveche el potencial educativo del voluntariado y lo vincule con objetos de aprendizaje formal? No sé si existe, pero si existiese debería llamarse Aprendizaje-Servicio (ApS).

Ahora que  ya sabes, si quieres, puedes.

Gonzalo Silió Sáiz

ApScantabria

Si quieres saber más sobre Aprendizaje-Servicio visítanos en www.apscantabria.tk





De lugares, personas y mares.

10 12 2011

No sé explicar el porqué, pero creo firmemente que existen lugares a los que estamos plenamente conectados. Lo sentí de golpe, de lleno, por sorpresa, cuando ya lo había experimentado con anterioridad en el mismo lugar.

Zurriola

Tiempo muerto en Donosti,  vago sin rumbo, como siempre, acabo dirigiéndome al Kursaal. Una vez más, me detengo fascinado  contemplando como el Cantábrico chocha con el Urumea, en una lucha sin cuartel que siempre gana el mar, y nunca la pierde el rio.  No sé explicar porque, pero  me fundo con el puente de  Zurriola y disfruto de cada momento de impertérrito testigo. Desearía poder unirme a ellos, pero cada segundo que pasa deseo menos y contemplo más. Y al cabo de un rato, me siento tan en paz, que ya no sé si soy Urumea o Cantábrico. Lo que sí sé, es que no puedo explicar el porqué me siento tan conectado a ese lugar.

He visto varios océanos, y he probado varios mares. Incluso he visto el mismo océano en diferentes mares, y aún así por más que veo, más claro tengo el mar al que pertenezco. No soy hombre de mar, más de montaña me siento. Pero en Cantabria, es difícil escoger. Nunca sabes donde vas a acabar, si en las Montañas más altas o en el inmenso Mar. Ambos imponentes fines, en uno sientes un silencio rotundo, en el otro un continuo rugido. En ambos lugares sabes que poco tienes que decir. Ayer, hoy y espero que mañana saboreé salitre. No hace falta mojarte, para sentir el Cantábrico. Son de esas pocas cosas en la vida que nunca engañan.

Desde que me asomo a él y sé que ya no estás, siempre te recuerdo. Fuiste un alumno de esos que te hacen agradecer el ser maestro. No de esos que son tan tontos que sacan todo sobresaliente, sino de esos que les brillan los ojos cuando tu hablas, aunque no te escuchen. Pues, piensan, luego son. De esos, que sabes que cuando levantan la mano, no quieren respuestas sino nuevas preguntas. De esos, que lo que menos le importa es la nota, o el tiempo de clase que queda. De esos que hacéis que a veces las clases sean eternas. Eras de esos que hacen que cuando llegas al despacho, la visión de la lección sea otra debido a tus preguntas. Nos recuerdo hablando varias veces de cosas que surgían de la clase y que iban mucho más allá. Pues, para tí la clase fue siempre más jaula que una meta.

Cada vez que veo las olas chocar, cada vez que oigo al mar rugir, no puedo evitar pensar que tú estas ahí con él. Que él te eligió para tenerte a su lado. Seguramente no hay ningún porqué, pero no por eso cejo de preguntarme porque tú. Tampoco nos conocíamos tanto, pero lo suficiente para saber que cada momento que viviste lo disfrutaste hasta el final. Por eso lamento tu ausencia, porque personas como tú son los que hacen buena nuestra profesión. Personas que como el mar siguen batiendo una y otra vez hasta que consiguen abrir brechas para que los otros puedan crecer.

http://vimeo.com/33431895

Seguiré disfrutando siempre que pueda  de este mar que hemos tenido la suerte de conocer, y estoy seguro que en algún momento, todos los días que lo  vea cara a cara, reconoceré en alguna ola, espuma, vaivén, chocar o batir ese destello de tu ingenio, ese bienhacer de tu presencia que no dejaba a nadie indiferente. Desde hace un tiempo para mi y desde hace nunca para ti, el mar cantábrico susurra y ruge tu nombre en memoria de lo egoista que fue al llevarte con él. Marcos, donde quieras que estes, descansa en paz.

 








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