Ayer que fue mañana

19 06 2011

Llegué al Prat. No tan justo como acostumbro desde que aprendí the Ryanair bording system. Por llegar me encontré a unos conocidos, que me cambiaron mi proceder habitual, habían decidido no hacer cola y entrar los últimos. Yo lo hago cuando llego más tarde, es decir no llegó pronto para esperar. Pero bueno, me uní a ellos. Estaban comentando que era de Bárcena de Pie de Concha a uno del grupo que no me conocía. Y eso lo aprovechó mi vecino de asiento para entablar conversación. Yo ya me había fijado en él, vestía con americana y pinzas, llevaba maleta de ejecutivo, pero un palillo en su boca y sus manos inquietas le delataban.

Le oí decir en alto: -“¿Dónde estará la cola de prioridad?”-

-“¿Perdone?”- le inquirí.

-“No chaval, que hablo solo en alto…. ¿eres de Bárcena de Pie de Concha”- me respondió y pensé esto se pone interesante.

Resultó que sabía de sobra donde estaba la cola de prioridad.  Me confesó que pagaba un poco más por no hacer la cola, mecagüendios, que cada vez que la hizo se cago en su madre de lo torpe que es la gente con las maletas y tolaostia.

El hombre se arrancó a hablar, era ganadero (cuatro tudancas pa´pasar el rato, dicho con suficiencia que denotaba tener más), tenía una serrería de piedra en Barros, y un negocio de perforación de túneles para carreteras y esas cosas que era lo que le traía personalmente cada 15 días a Barcelona.

-“Porque ya sabes, tengo dos ingenieros, pero baah, no son de la vieja escuela. Te hacen de cine el túnel en 3D y la de dios, pero nunca me ponen el polvo, ni el torrente, ni la piedra suelta que es lo que jode la obra, de eso no tienen ni puta idea”- me explicó- “nosotros somos mineros”- me decía abriendo y luciendo sus manos trabajadas-“nosotros somos de la vieja escuela y ellos no tienen ni puta idea, tengo que venir yo”.

Se abrió el embarque y salió disparado a coger sitio, nervioso reconociéndose en un elemento que no era el suyo. Se despidió a la carrera cariñoso y contento diciéndome que a ver si nos veíamos por Polaciones.

Justo detrás de mí, embarcaron unos orgullosos participantes del SONAR, que si no eran músicos, vestían como si lo fuesen. Pamelas, vestidos góticos, zapatos de princesa, anillos varios, lóbulos de oreja hiperalargados, piercing en ambas comisuras de los labios, brazos con un poco de piel sin tatuar,… es decir todo el disfraz para resultar lo más al margen posible del rebaño. La pena es que no se escuchan cuando hablan, pues dicen las mismas mierdas que balamos los demás. Que sí solo se puede llevar un bulto, que si se les ocurre quitarme el desodorante te juro que no embarco, que sí….en fin tanto esfuerzo por parecer distinto y resulta que están tan o más contaminados que los demás…la cabeza, y la discreción eso, eso es lo que nos distingue del rebaño y no el envoltorio.

Al entrar yo era el telonero de la banda del moco, con lo cual fuimos centro de todas las miradas del pasaje. Incluso la de el de Polaciones, que estaba sentado dando palique a dos señoras sudamericanas menudas e enjutas, de esas que siempre tienen el doble de edad de lo que aparentan. El de Polaciones, al verme comenzó a reírse y morderse el labio, diciendo –“estos sí que están saneaos, madre mía, vaya patas pa´un banco”- yo disfrutaba del momento contento de tener los códigos para interpretar tal esperpento.

No acabo aquí, huí de la banda del moco, no quería oírles más y me senté en la última fila, presto para salir raudo y veloz al llegar a la tierruca. Ahí me di cuenta que perdí a mis acompañantes conocidos…no me importo porque me pidió permiso para molestarme María Makifoneval. Una hija de Bulgaria de cristalinos ojos azules, que irradiaban transparencia. En dos minutos, perdió dinero, se le cayó la cámara, salió al pasillo tres veces y me confesó lo que yo ya sabía: soy un desastre. No me dijo que era divertida, sincera, original, curiosa y buena persona. Eso también yo ya lo sabía. Así como que estaba en busca, y estoy seguro que se alcanzará en breve. Me confesó que sufrió de ataques de pánico que la impedían salir de casa y que por eso ahora viajaba todo lo que ganaba. Era publicista creo, dibujaba y filmaba micropelículas. Así llegamos a Cantabria y a lo mejor del viaje. Me despedí de María, deseándola suerte y me regaló una caricatura de sí misma.

Lo mejor del viaje fue cruzarme con el de Polaciones que precedía a las dos sudamericanas y llevaba sus maletas. Cuando llegué a su altura, le oí decir orgulloso y mirando a toda la infinidad de Cantabria:-“Esto es otra galaxia, esto es la ostia señoras”- en eso le interrumpí.

-“Hombre Lobo, ¿cómo vas?”- me dijo como si yo ya fuese vecino de Polaciones- “mira yo aquí tirando de las maletas de estas mujerucas”.

-“Pero ¡cómo las dejaran salir de casa!, si no pueden ni con las maletas”-continuó mientras hacía  gestos de no entender nada.

-“Porque hay hombre buenos como usted, siempre dispuestos a echar una mano”- le respondí.

Orgulloso, respondió-“Qué vas a hacer, hay que ayudarlas, hombre”.

Me despidió con un: “a seguir bien, lobo” y yo deseé volver a encontrarle aunque fuese en Polaciones.

Contento y feliz, deseando volver a viajar lo antes posible me fui como un lobo en busca de su bosque,  manada y presa.





Tan cerca y tan lejos

19 06 2011

Suelo viajar solo en avión, viajes cortos de días y kilómetros que mezclan trabajo y estudio: micro-viajes. Ello me invita a ir despacio, a dejarme observar mí alrededor, y no siempre ves cosas hermosas como decía Vicent.

Siempre me fijo e imagino quiénes serán mis compañeros de asiento antes de embarcar. Tuve experiencias muy agradables, muy divertidas, interesantes, algunas indiferentes, otras parcas y elocuentes y las que menos horripilantes. Aún recuerdo al señor XXL que se desparramaba por mi asiento en un Filadelfia- Paris hasta que la amable azafata se lo llevo a un asiento doble,  no recuerdo ya el nombré del francés con quién me emborraché mientras compartíamos historias de vida, o la periodista que iba en busca de su novio cuyo padre agonizaba de cáncer, o a Rodolfo un argentino de 4 años y medio palmo, que se aferró a mi mano en todo un transbordo en Brasil, también la octogenaria venezolana que me resumió el gobierno chavista con un contundente” ahora los chavos no mueren de hambre, mas yo no sé si eso es progreso…”, hace poco disfrute de un matrimonio gallego que se amaban más que el primer día después de haber vivido más de mil y una noches juntos, recuerdo la rocambolesca conversación con la meiga galega, …¿Qué me tocará mañana?

(Hoy es pasado mañana (de hace tres días) y ya sé lo que me tocó ayer, impresionante, pero eso será otra entrada)
Un día volé con un par de payasos que alborotaban más que un circo entero. Comenzaron criticando a Ryanair, no entendían nada, que si la colas, que si porqué el peso, que si el bulto…poco a poco comencé a sentir que iba a ser un largo viaje. ¿Por qué cojones se sentaron en emergencia este par de retacos? El tan flaco y enclenque que costaba verle tras sus fashion-gafas, flequillo y toda la última moda que pudo ponerse encima. Ella el típico fletán, no noruego, sino norteño y vasco. Retaco con más tacón que muslo, ajustada en toda su desproporción y ridículamente adornada de tatoos y percing…

Después de negarme el derecho la azafata de arrojarlos por la puerta de emergencia, hice de tripas orejeras e intenté mimetizarme con el asiento. Era imposible, sus ideas atroces y pueriles taladraban mi sensibilidad e insultaban a cualquiera con dos dedos de frente. Qué pena de dos palmos de acero…

Comenzaron fuerte asegurando que un apartamento en Gexto vale más que cualquier chalet con finca y todo confort en cualquier parte de Pucela.  Siguieron comentando todos y cada uno de los putos episodios de Fama, ,luego dieron un repaso a toda la TV de arriba abajo y acabaron con el clásico: para lo que hay que ver, yo casi ni la veo…En ese preciso instante entendí porque no dejan volar con objetos punzantes, aún así no dejaba de mirar a mi lápiz preguntándome si sería suficiente.

Se quejaron de no poder fumar en los aeropuertos, y decían no entender porqué no podía haber lugares para fumar en los aviones, hablaron de diabluras en Punta Cana e Ibiza,  de fiestukis y mierdas varias…hasta de estudios hablaron y me dolieron las entrañas al conocer que él fue a la universidad y que ella llegó a Bachillerato. Por mis muertos, ibais a aprobar si os cojo yo.

Tocó hablar de compras, criticar a sus padres (que por supuesto aún les mantenían) y cuando hablaron del tiempo como si fuese una prenda de vestir que cada uno elije al levantarse, ahí ya no pude más. Oírles decir, que les gustaría trabajar solo cuando llueve, que si tienen día libre y no hay sol, es como perder el día, eso me tocó hasta la moral. Y no me quedó más remedio que decirle a la azafata que eligiese: ellos o yo. Porque, no sé si habría sitio en el mundo para ambos, pero en este avión estoy seguro de que no. Así que consulte al sobrecargo y tomen una decisión.

Me salvó que justamente en ese momento apareció a la derecha Barcelona, brillante luciendo los charcos que le regaló la lluvia,  como diamantes que la hacen más especial aún. Entonces ahí me olvidé de los mequetrefes, y reconocí a Vicent Van Gogh, es  verdad, si estás atento y dispuesto, puedes descubrir la belleza en cualquier instante, en un segundo de nuestras vidas.

Ellos, no claro. Ellos viven en su ruido, que por tortura comparten con nosotros y seguramente que hasta lo twitean.

 





Entre pollos anda el juego

14 06 2011

-En este juego hay dos formas de hacer carrera- me dijo en terras galegas un gallo con acento catalán- puedes ser pollo de granja o pollo de corral. Capté la ironía y me gustó la analogía.

El pollo de granja traga mucho, engorda rápido, y sigue la línea callando y piando cuando se lo piden. En cambio, el de corral, anda más que traga, se preocupa de su línea y suele pedir cuando pía. El de granja, pía lo que le dicen que toca (now in english, sure) y solo por eso, porque se lo piden. Por su parte, el de corral, dice que toca lo que pía y solo por eso, le dicen que ojo con lo que pía. In english, why not my friend?

El de granja, se acomoda a su pequeña jaula y la defiende más con pluma que con pico. Se pavonea de su pedacito conquistado, pero no muy alto, no vaya a ser que otros se fijen en las jaulas más grandes y fijas que él ansía. El de corral, sabe pronto que no puede estar en todos lados, y que genera desconfianza por andar en varias jaulas. Él también ansía ganar altura, pero intenta hacerlo batiendo sus alas y no doblando las rodillas. Lo que genera tal revuelo que altera al gallinero. Y ya se sabe, las gallinas gordas y viejas, que casi todas fueron pollos de granja, no gustan mucho de ríos revueltos, no vaya a ser que se les mareen los huevos.

El camino casi nunca está hecho, pero los pollos de granja siguen el más llano posible: la vereda marcada y reconocida. A ver si se van meter en un charco, o descubrir un atajo que les haga tomar alguna decisión. Faltase más, ¿salirse del camino? De ninguna manera. Los pollos de corral, son testarudos y les suele gustar meter el pico allí donde no les llaman, picotean varios campos y siempre que pueden dejan huella o al menos meten la pata.

Los de granja no suelen disfrutar del sol, demasiado transparente, se mueven mejor en las sombras de sus jaulas. Se encuentran tan cómodos bajos las alas de los gallinazos que les cobijan, que cuando tienen que salir, regresan lo antes posible y siempre piando pestes de allí a donde fueron. Que si el grano es mucho peor, que si no hay quien entienda lo que pían, que si como en esta jaula nadie empolla los huevos, que si mucho huevos de oro, pero era todo resplandor…en fin que ir porque toca, que sino “pa” qué.

En cambio, el pollo de corral cada vez que va, puede que no vuelva. Un nuevo corral por explorar, huevos de otras formas, plumajes diferentes, piadas y picoteos nuevos, otros horarios y métodos de empollar, palos de gallinero más altos o más bajos, según se mire, e incluso algunos más sucios. Así que cuando regresa a su corral, el pollo pía que otro empolle es posible, y las gallinas más acomodadas le contestan que más vale empolle reconocido, que otros por desarrollar.

También, hay pollos de corral que se disfrazan de granja y de granja que se creen de corral. Estos últimos son carne de Kentucky Fried Kitchen, pues en cuanto salen de la jaula, descubren que bajo el sol se suda y que quién no se mueve no pilla grano. Y para esto vale más, las alas y pico propios que los ajenos. En cambio, a los otros, a los de corral que juegan a las granjas, a estos les suele ir bastante bien. Y cuando se dan cuenta los gallinazos de lo que son, suele ser demasiado tarde, pues ya están bastante arriba y además, saben usar las alas. Lo malo es que algunos se les ve pronto el plumero.

Al final, el tipo de pollo pasa por ser mérito o requisito. El de corral gusta de crearse su cresta y espolones, el de granja prefiere aquello de dame maíz que yo lo pico tal y como quieras. Tanto que hay pollos de granja que son tan tontos que sacan todo sobresaliente. En cambio, el de corral nunca aprende aquello de que en pico cerrado no entra grano que no te den. Y no deja pasar oportunidad para picar o piar.

Suele pasar que al final, cada uno encuentra su palo de gallinero y lo tiene como quiere. La diferencia es que el palo del de corral suele estar picado por él, y no solo disfruta de cómo lo picó, sino del tiempo que lle llevo hacerlo y con quién lo hizo. En cambio, el de granja también recuerda lo que pico y trago por otros, no solo granos sino alguna píldora también.

Pollo gordo nunca llega a viejo, y no hay gallina, ni gallo joven. Así que cada cual elija el camino que quiere, y recuerde que la gallina va antes que el huevo. ¿O es al revés? Sea lo que sea, OK, corral.








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